miércoles, 28 de marzo de 2018

¿Ilusiones o sorpresas? Por Miguel Llofríu Terrasa

No cabe duda que ilusionarse con algo es un gran motor para nuestra motivación vital. Al construir una ilusión, no sólo estamos diseñando cómo nos gustaría que fuera un futuro concreto, sino que añadimos cómo nos queremos sentir ante las expectativas que nos estamos creando.

Así pues, la ilusión nos puede ayudar a soportar los problemas del presente, y nos da las fuerzas para construir un futuro deseable. Sin embargo, no es suficiente con tener una ilusión para que esta se lleve a cabo. Muchos proyectos ilusionantes llevan consigo algún tipo de plazo temporal, y, si no se realizan en determinadas fechas o en determinadas circunstancias, entonces, la ilusión se torna en frustración.

Esto nos lleva a la siguiente cuestión: ¿qué ocurre cuando llevamos una racha de ilusiones frustradas o bien no contamos con las circunstancias/condiciones adecuadas para poder llevar a cabo las ilusiones? Ante este vacío, como plan B, podemos recurrir a la sorpresa.

La diferencia básica entre la sorpresa y la ilusión se centra en la intencionalidad. Así, en el caso de que nos ocurra algo positivo en un futuro; si eso responde a la expectativa de la ilusión, la satisfacción ha tenido lugar tanto en el futuro como en el camino para llegar a él. En cambio, si el futuro agradable no ha estado en ningún modo planificado, nos encontraremos con una sorpresa. A todas luces, también nos proporcionará satisfacción pero, obviamente, sólo en el momento en que acaece y tenemos dicha experiencia.

Por su parte, la ventaja de estar abiertos a las sorpresas es que nos evita tener frustraciones que puedan mermar en un futuro nuestra capacidad para ilusionarnos.

La apertura a las sorpresas positivas y constructivas de la vida nos lleva a buscar motivos, incluso en lo más cotidiano para estar agradecidos y disfrutar de la vida. La propuesta es estar muy receptivo para que al mínimo indicio de algo agradable que nos sucede o hemos podido construir en poco tiempo, tengamos motivos de celebración. Así podeos alcanzar un estado de ánimo en el que estamos y nos sentimos agradecidos por el equilibrio entre lo que nos toca vivir y lo que conseguimos vivir.

Así pues, para quien pueda, que apueste por las ilusiones energizantes y recargante para optar por un vida con un gran dosis de emociones sanamente desafiantes. Pero, en caso de no poder temporalmente construir ilusiones, entonces la apertura a la sorpresa puede colaborar en mantener un buen nivel de alegría vital hasta que podamos volver a gestar las sanas ilusiones.