lunes, 28 de mayo de 2018

¿La coherencia nos lleva a la soledad? Por Miguel Llofríu Terrasa



Siempre he tenido la convicción de que esforzarse por ser coherente conlleva, en algún momento, la soledad. Ser coherente con principios y valores que puedes explicar y defender generará en algún momento conflicto y, seguir siendo coherente con valores éticos (aquellos que se pueden universalizar y se pueden razonar) genera que ciertas gentes al ver que no te “vendes” te intenten “bloquear” o “ignorar”. Esa es una soledad que siempre estoy dispuesto a soportar, porque su alternativa consiste en renunciar a tus convicciones por algún tipo de favor o interés cortoplacista.

Sin embargo, en una gran conversación-encuentro-experiencia con mi gran amigo Bartolomé, éste me dio otra perspectiva. Me convenció que ocurre justamente lo contrario. Ser coherente y mostrarte tal y como eres hace que seas valorado y que muchas personas te tengan por alguien de confianza. Eso supondrá, al cabo de tiempo, que cuando te reencuentras con aquellas personas que trataste con coherencia, te otorguen un cierto reconocimiento, especialmente, que se les “ilumine” el rostro cuando te ven y -en un mundo tan rápido- son capaces de dedicarte un tiempo a saludarte.

Y aquellos que son incoherentes y se venden, o te venden, han puesto su identidad en el interés egoísta. Cuando con el paso del tiempo, lo que ofrecen ya no resulta "conveniente" o ya no tienen nada para "comprarte", ¿quién los saluda? Se han acostumbrado tanto a que los demás revoloten a su alrededor por lo que les pueden dar, que cuando no tienen nada que dar o ya no es interesante, se dan cuenta, de que en el fondo, siempre han estado solos.

Aunque los “manipuladores” jueguen a hacer el vacío para que te sientas mal por no estar en su “club”, en el corazón, llevo a muchísima gente.  Ciertamente, no camino solo, no hay soledad, hay momentos de silencio, de un silencio constructivo porque no sigues la corriente envenenada. La única soledad que indica que debes cambiar en tu vida es la soledad del corazón. El resto, son apariencias, ya que lo esencial está bien y te motiva para seguir esforzándote por ser coherente dentro de tus posibilidades.



jueves, 3 de mayo de 2018

Cuando el tren de la vida se va... ¿qué podemos hacer? Por Miguel Llofríu Terrasa


Los trenes en la vida son oportunidades que nos esperan durante poco tiempo. Ellos son las grandes ocasiones que nos pueden abrir nuevas posibilidades. En ocasiones, son cruciales. Si dejas pasar el tren, si no te subes a él cuando es el momento, quizás ya no lo puedas volver a coger en toda tu vida.

Subir al tren significa tener la certeza de que estamos yendo por un buen camino. Al menos, uno que deseamos y consideramos que nos puede llevar a estaciones que nos aportarán  mucho.

Sin embargo, todo lo maravilloso que son los trenes en la vida, también nos llevan a la sensación de vacío cuando por haber dudado demasiado no hemos subido a tiempo. Cuando aparece esa angustia, constatamos demasiado tarde que nos hubiera gustado ir en ese tren, que era el nuestro... pero ahora es demasiado tarde.

Quizás el tren empieza a marchar cuando estamos algo alicaidos o tristes. Quizás no tengamos las fuerzas o las ganas. Quizás no hemos tenido el apoyo de alguien que nos quiere... en fin, sea como fuere el tema es que nosotros mismos no hemos sido capaces de subir al tren.

Cuando ya se ha ido, entonces desde el silencio de la estación de la vida, nos damos cuenta que por no haber tenido la iniciativa, de alǵun modo, nos vamos a perjudicar.

Pero desde el asiento en el que nos hemos quedado en la estación, y ante las vías, ahora vacías, lo último que tenemos que  hacer es lamentarnos y bloquearnos. Si anhelamos haber tenido iniciativa, precisamente, debemos construir la actitud que nos ha faltado. Esa es una de las maneras de dar sentido a la gran oportunidad perdida.

Ya que no podemos ir detrás del tren, al menos eso nos tiene que servir para estar atentos y, como un ave fénix, regenerarnos. Nuestra nueva actitud, quizás nos lleve en un futuro a otras grandes oportunidades o quizás no. Pero, al menos, en lugar de estar quejándonos por lo que hemos perdido, estaremos atentos para alcanzar lo que podemos.