Hoy en día en nuestras sociedades opulentas, la sobreabundancia de recursos y opciones nos ha deparado un nuevo escenario en cuanto a salud se refiere.
Si nos dejamos llevar por las ofertas que nos presenta nuestro entorno, lo más probable es que en un breve plazo de tiempo tengamos sobrepeso y acumulemos probabilidades para desarrollar algún tipo de enfermedad. Comemos en mucha cantidad, seguramente con poca calidad y con bastante azúcar sin darnos cuenta.
Todo ello lleva aparejado una merma en nuestra salud y nuestra energía vital que se puede combatir consumiendo más productos o bien empezar a desarrollar autocontrol y buscar nuevas alternativas.
Además de los problemas de salud, el sobrepeso también se ha vinculado la estética. Socialmente, quién no puede seguir el estándar tiende a tener menos reconocimiento social. En el mundo de la moda, aunque han habido voces en contra, los estereotipos rompen con el común de la sociedad y se nos presentan como personas por debajo de su peso ideal.
Así pues, por un lado tenemos toda una gama de oferta para nuestra nutrición barata y antisaludable y por otra la necesidad de adelgazar para aparentar delante de los demás en busca del reconocimiento social (por mucho que se diga que se hace para sentirnos bien). Resultado: batallas y batallas internas en clave de dietas que van generando frustración tras frustración.
A mi juicio, estamos confundiendo cada vez más delgadez con salud. Una persona puede estar delgada y, sin embargo, tener enfermedades o síntomas peligrosos e salud. Por otro lado, una persona puede estar delgada porque tiene un metabolismo acelerado o porque su genética le condiciona a ello y no ser el paradigma de virtudes como la moderación o el autocontrol.
Consecuentemente, un buen aspecto físico debería ser la consecuencia de llevar unos hábitos nutricionales saludables. En otras palabras, el aspecto físico, debería venir por añadidura por hacer bien las cosas. No es suficiente con aparentar, la imagen debe responder a una sana realidad y no ser pura fachada.
Esta confusión origina que confundamos el fin con el medio. Adelgazar es un medio para un fin que debe ser la salud. Y, si la opción escogida para adelgazar no reporta salud, entonces, al tratarse de un mal camino, obviamente, deberíamos optar por otra manera. También tenemos que tener en cuenta que el estándar social sólo garantiza una "apariencia" aceptada, nada más.
En definitiva, una vez más, es importante hacer una reflexión interna para "purificar"nuestras intenciones y, a partir de la motivación adecuada, ser valientes para llevar a cabo nuestras decisiones.
