domingo, 18 de octubre de 2020

Cuando muera

Cuando muera... sea del modo que sea, ya que al igual que hay muchas maneras de vivir más allá de respirar, también hay maneras de morir más allá de cerrar los ojos...
Entonces, reformulo: Cuando tú me consideres muerto. 

Cuando me consideres muerto, llora lo que tengas que llorar, lo que te pida la emoción.
Por mí, cuanto menos, mejor, porque así antes podrás seguir leyendo esto, aprendiendo y viviendo.
 
Cuando me consideres muerto, has de saber que morí todavía con mucho por hacer... Mil proyectos habrán quedado pendientes. Mil auto-transformaciones y evoluciones se quedaron en el proceso.
Mil cosas que tenía que hacer por ti, no las pude terminar.
 
Cuando me consideres muerto, has de saber que no me embriagó el miedo a la muerte, no al menos, más allá de la sensación que sentí en una montaña rusa.
Seguramente sufrí, porque cada día he sufrido, seguramente también lo superé, porque cada día lo superé.
 
Cuando me consideres muerto y tú te consideres fuerte, te pido mi única voluntad póstuma: celebra mi recuerdo y mi conexión contigo. 
Te pido una fiesta, con baile. Reíos imitando mi manera de bailar. Si no la sabes, entonces, esto no es para ti.
 
Cuando me consideres muerto juntaros en comunidad para mi fiesta, así es cómo entendí la vida: Darlo todo para celebrar. 
Así es como me hubiera gustado vivirla: Disfrutando a pesar de todo. Baila con mi música y con tu música. Vive en mí. Yo viví en ti.
 
Cuando me consideres muerto aprovecha todos mis restos del naufragio buscador que ha sido mi vida.
Siempre procuré construir un barco improbable sabiendo que no lo lograría, pero, eso me mantuvo a flote.
 
Cuando me consideres muerto te seguiré abrazando todo lo fuerte que pueda, y besando y mimando y haciendo por ti lo que no hago por mí.
Siempre fuiste mi fuente de inspiración y superación, aunque no siempre te lo dije o transmití.
 
Cuando me consideres muerto, yo te seguiré considerando vivo.


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lunes, 5 de octubre de 2020

¿En qué te fijas?

 Después de “reflexionarlo” estos días, reconozco que, soy como el agua de un lago que refleja la luna de la frustración.

Doy la razón a los maestros y maestras que nos han advertido que la mente proyecta maravillas para convertirlas en pesadillas

 

Me fijo en todas las “cosas” que, si las hubiera hecho, no pensaría en ellas, pero, al no lograrlo, se convierten en montañas en mis zapatos.

Lo triste, es que, cuándo se consigue “algo”, se da “por supuesto” … No cuenta, no se valora, no nos fijamos en los pasos alcanzados.

 

No nos fijamos en lo alcanzado, por eso, no celebramos.

Nos fijamos en lo infinito por hacer, por eso nos frustramos.

Nos arrepentimos de las distracciones, de las tentaciones, de casi todo lo que, en apariencia, nos desvía; pero, cuando resistimos, apenas hay gratitud y autorreconocimiento.

 

Nos fijamos en nuestros aparentes defectos, en lo mucho que nos queda para lograr la perfección enfermiza; sea social, física o espiritual.

No solemos contemplarnos por ser, si no medirnos con otros y otras desde la óptica de los resultados, sean los que sean.

 

Somos inconscientes prisioneros que construyen su propia cárcel, para poder quejarse todo el día de su falta de libertad, poder, realización...

Y, aún más, para no vernos en el espejo de la verdad (si/sí la hay), optamos por culpar a otros/as.

 

Culpo a los demás de los barrotes, cada vez más gruesos, que voy construyendo.

La razón para la enfermedad que padecemos es fácil y obvia.

Si los otros/as son la causa, no puedo hacer nada… si la causa fuera yo (y lo soy) entonces, dependería de mí.

 

Dependería de mí darme cuenta que necesito otra visión, otro modo de enfocar tanto hacia fuera como hacia dentro, es decir, sin distinguir fuera y dentro.

Luego, puedo seguir los pasos de otros/as que se aventuraron o iniciar los propios… es lo mismo.

 

Me fijo y me obsesiono en el hacer, para sentirme exiliado en mi propia vida por no hacer todo lo que improbablemente me proponga e imposiblemente decido hacer.

Me reduzco a resultados y utilidad que aspira al espejismo del reconocimiento.

Me olvido… que soy haciéndome.

  

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Vivir para compartir, compartir para vivir (... a modo de introducción/prólogo/punto de partida)

 La vida se puede vivir a dos tiempos. Hay un tiempo organizado, secuenciado, donde manda la urgencia/el plazo de entrega/estar desbordado... Es el tiempo de la eficacia, de la eficiencia y de priorizar el resultado. En éste, NO vivimos. Producimos proporcionalmente en función de nuestra utilidad. En este tiempo, nos quieren hacer creer que sólo valemos en la medida en que tenemos reconocimiento y que tenemos que ser frustración desesperada porque siempre nos va a faltar tiempo (¿lo consiguen?) .

Pero, también hay otro ritmo, otro tiempo. Sólo tienes que descubrirlo/inventarlo/construirlo/acompañarlo. Es un tiempo, un estilo de vida maravilloso/auténtico/de superación, crecimiento y sana transformación. Es muy complicado y complejo transmitirlo porque no busca el aplauso, sino la vivencia/experiencia/profundidad. En este tiempo te encuentras a ti mismo y a otros como personas, con valor en sí mismo, volando más allá de utilidades, reconocimientos, urgencias y devenires vacíos. Aquí, las secuencias no marcan el ritmo, lo marca el misterio/la nostalgia/la necesidad/el anhelo y, sobre todo, el esperar sin esperar. 

En este tiempo, coincidí y sincronizo con Bartolomé. Él es una auténtica fuente de inspiración y fuente auténtica de vitalidad. Con él, no solo aprendo, sino que regenero ilusión y entusiasmo. Entre lo mucho que le debo, destaco aquí y ahora el estilo de incorporar muchas palabras sinónimas pero no idénticas para intentar plasmar en negro sobre blanco lo que se vive en despertar sobre ser. Muchas palabras para ir captando nuevos matices y ampliar el significado. La vida no es unívoca, pero hemos hecho un lenguaje demasiado estrecho y con prisas para economizar en lugar de transmitir, quizás por eso estamos siempre repitiendo lo mismo. Las palabras y escritos de Bartolomé siempre transmiten la genial armonía de la contradicción que no lo es.

Este verano, mi vivencia en este tiempo de autenticidad/intimidad/vida/conexión, me llevó a escribir una serie de expresiones/poesías/filosofías/reflexiones bajo el título "Aprendiendo de las cicatrices". Como tantos otros escritos y legados, iban a permanecer ocultos en el día a día, al alcance de cualquiera que esté cerca pero sin ser percibidos. Así es mi biblioteca/legado vital particular. 

Sin embargo, mi tiempo especial en que soy especial me llevó a empezar a leer/interpretar/transmitir lo que estaba escribiendo a mi madre. Cuando nos encontrábamos en situación/momento/conexión, le leía uno de los títulos que estaban realizados y elegía uno para disfrutar/sintonizar/comprender/reconocer... Y, después de ese primer paso de darse/ofrecerse/invitar, siguió un segundo paso de enviar esos fragmentos fugaces de intensidades vividas a tres personas (incluida de nuevo mi madre, Bartolomé y Miguel Ángel) con las que comparto inquietudes/conexiones/ilusiones vitales. 

Afortunadamente para mí, hay muchas otras personas con las que podría compartir, pero, cuando vives en este tiempo aprendes a, como decía antes, esperar sin esperar. Aceptas ritmos y momentos que no se ajustan a tu lógica ni a tu manera de hacer las cosas, para que realmente sean tu lógica y tu estilo de vida. Con otras comparto otros instantes e intensidades vitales... así es este tiempo, con cada uno y una vives una arista diferente e igual, en el fondo, de la vida poliédrica, plural y genial.

A las tres personas que he mencionado, les ofrecí un punto de partida y dejamos el juego/oportunidad/posibilidad abierto para ver hacía donde podíamos ir evolucionando... La fuerza de Bartolomé me ha llevado a reactivar este Blog. Él me ha animado a compartir lo escrito y yo le he animado a él a escribir lo compartido a través de estas excusas de reflexión/vivencia/coparticipación.

Y, como buscadores infatigables de sentido/concordancias/armonías/símbolos, todo ha ido encajando para re-poner en marcha este punto de partida en el día que celebramos la existencia, su ser y estar de Bartolomé. 

Así que, este pequeño homenaje, en un día tan señalado para seguir el instante no secuenciado en el que se quedó este blog.


A continuación, la transcripción que ha realizado Bartolomé del audio que me envió al plantearle el punto de partida: 

Los OJOS de un amigo son VENTANAS A SU CORAZÓN y las PALABRAS que crea y expresa, cargadas de “emociones y sentimientos”, surgen de ellos, de su mirada personal, especial y única. Debemos ser un buen LECTOR del ALMA del “amigo-hermano” y de los COLORES de ésta.

   Me parece muy interesante y generosa la “propuesta”, porque es inspirador poder compartir intimidad desde la pasión y la ilusión. Además, las cicatrices que son “tatuajes” de nuestro aprendizaje y devenir vital, siempre nos recuerdan quiénes somos, qué hemos vivido y dónde estamos, porque son y conforman nuestra “identidad”.

   He releído los “temas” que me has planteado y después de analizarlos, me gustaría empezar por EN QUÉ TE FIJAS, quizás por ser la “dirección” en la que miramos o nos enfocamos para “ver viviendo y vivir viendo” la vida, el amor, la existencia... con sus por qué, para qué, cómo y cuándo de nuestro SER y ESTAR.

    Y como tú dices, sin prisas, dejando fluir el tiempo físico y emocional, para crear “poso”, para “interiorizar” y para “confluir”.

   ¡Gracias por tu gran generosidad y por ser un modelo, un referente para mí y los míos! 

Un fortísimo abrazo de tu amigo-hermano Bartolomé. 


Y la reflexión que dio inicio a poner por escrito lo vivido/compartido/interiorizado:


Quizás lo que estamos CONSTRUYENDO no acabe, como tú dices, en un LIBRO al uso; pero, durante el PROCESO o mejor, al FINAL del mismo, como epílogo o quizás prefacio de algo nuevo, podemos MOSTRAR o COMPARTIR, si nos apetece, a/con OTROS/AS, las reflexiones (o su síntesis), de forma global o por temáticas, en el BLOG “APRENDIENDO A CADA PASO”. Es una opción que se puede valorar. Por ahora, lo dejaremos “re-posar”.

   Mientras tanto, sigamos FLUYENDO y COMPARTIENDO MIRADAS. Al fin y al cabo, ESCRIBIR es encontrarnos con NOSOTROS MISMOS. Y tengamos presente, que las PALABRAS TIENEN PIEL Y ALMA y además, que DONDE MIRAMOS, VAMOS.

   Pero, hagámoslo “disfrutando” y sin “prisas”, con “serenidad, equilibrio y plenitud”: VIVAMOS SIENDO Y SEAMOS VIVIENDO, ACOMPASANDO-ENTRELAZANDO los latidos del “corazón del ser” y los del “alma de la vida”. Los TEXTOS poético-filosófico-existenciales creados son un CAMINO para ello. 


 Este es el INICIO DEL CAMINO que pretendo/pretendemos RECORRER, TRANSITANDO hacia nuestro/s YO/s más profundos, personales e íntimos. Quiero/queremos CONVERTIR nuestras MIRADAS en PALABRAS.