¿Cómo puedo llevarte conmigo cuando no estás conmigo? ¿Acaso no tocar nada, congelar falsamente el tiempo es el mejor respeto que puedo ofrecerte? ¿Debo dejar todo igual confundiendo que ese recuerdo eres tú?
¿Y qué hare cuándo las cosas se estropeen? ¿Acumularlas? ¿Amontonar los restos porque te acompañaron? Haciendo así las cosas, ¿no corro el peligro de desconectarme de ti y apegarme a los espejismos de tu apariencia?
¿Llevarte conmigo es cargar con tus cosas o sentir/construir tu presencia? Si las cosas y sus significados no me lleva a vivirte, ¿para qué las quiero? y, si te tengo presente todavía más pregunta: ¿Qué sentido tiene mantenerlas en su decadencia?
Si quiero llevarte a ti a través de los vestigios de lo que te gustaba y de lo que te caracterizaba tengo que hacerlo nuestro. Parto de tu base para llegar a mi realización. Todo va cambiando. Decidamos, al menos, hacia dónde debe ir lo modificado.
¿Qué es lo esencial y lo accesorio? Lo esencial es lo que vivo gracias a ti. Lo accesorio puede variar, es más, para mantener lo esencial, que no queremos olvidar, es preciso que lo accesorio cambie... y mucho, aunque siempre en la dirección adecuada.
Sin hacer nada, todo cambia. Las cosas tienden a fluir y, con nuestros ojos y tiempo limitados, sólo somos capaces de ver su decadencia. Hay que transformarlas para que sigan fieles a su propósito. Todo cambiará, pero, se captará de modo diferente.
Si somo fieles a la memoria, a la conexión, al núcleo de lo valioso, esos cambios ayudarán a desarrollar lo esencial. La alternativa es abandonar las cosas, porque dejarán de adaptarse a nuestras necesidades.
En lugar de anclarnos en el pasado que tiraniza al futuro por su inmovilismo, ensalcemos el futuro que glorifica el pasado y genera tradiciones. Tradiciones de amor que, para mantenerse, deben estar cambiando siempre.
