martes, 28 de febrero de 2017

¿Cuándo fue la última vez que le diste la razón a un alumn@ (...o a tu hij@)?

A principios de febrero, en la clase de primaria de mi segunda hija, el maestro haciendo unos ejercicios reprochó a uno de los niños: “deberá darte vergüenza que una niña lo haya podido hacer y tú no”. Mi hija al oír esto, saltó como un resorte y le increpó diciéndole que se sentía muy triste por lo que había dicho y que esa frase era machista. El maestro, sorprendido le espetó afirmando que el machismo y el feminismo estaban igual de mal. Mi hija le replicó que ella se sentía feminista y que no era lo mismo porque el machismo era negativo al defender la violencia y que el feminismo era libertad. Mi hija vino afectada y estuvo unos días mal. El motivo es que ella es muy empática y necesita conectar con el/la docente para estar a gusto y aprender.
Comentando el tema en casa, mi mujer argumentó que el maestro debería haber pedido disculpas desde el principio y hubiera dado un buen ejemplo, en lugar de obstinarse en tener la razón.
He estado reflexionando sobre lo sucedido. En primer lugar, estoy muy orgulloso por la defensa que hizo mi hija (todos en casa le hemos dado la enhorabuena). En segundo lugar, me duele constatar que es un lugar común entre ciertos estilos docentes el atrincherarse en la supuesta autoridad docente y a golpe de grito, amenaza, miedo a que te cojan manía, peligro de que te bajen las notas, etc. silenciar las voces de la razón y de la justicia.
Es cierto que en ocasiones puede haber clases complicadas, momentos complicados y gente complicada, pero, por encima de todo, hay que mantener un sentido exquisito de juicio ético. Para mí no es un problema pedir perdón a mis alumn@s o a mis hij@s. No lo veo una vulnerabilidad sino más bien un ejemplo de que más importante que el error es darnos cuenta y rectificar. Pero por lo que me cuentan los alumn@s y esta propia anécdota, lamentablemente, es una actitud minoritaria.
Creo que sin una actitud de reconocimiento del propio error se van fraguando la lucha de bloques, caemos en los tópicos de docentes contra alumnos y viceversa… así no se puede construir una comunidad educativa. Reconocer los propios errores es la columna vertebral del diálogo, de la convivencia, porque si no lo hacemos, caemos en la manipulación, la violencia, la incoherencia.
Obviamente, esto mismo es trasladable al ámbito familiar. A veces se pueden confundir el autoritarismo y la autoridad moral. No somos mejores madres y padres por no reconocer nuestros errores. Si nos equivocamos es preciso reconocerlo, ¿acaso no es lo que decimos? entonces, ¿por qué no lo hacemos?
No educamos por lo que decimos, sino por que hacemos. Así pues, creo que la pregunta que se plantea como título es un buen termómetro para ver cómo andamos de humildad, de justicia y de vocación de servicio.

Miguel J. Llofríu Terrasa



jueves, 23 de febrero de 2017

ODA a la AMISTAD por Bartolomé Martínez

“Tú eres mi hermano del alma, realmente un amigo. Que en todo camino y jornada está siempre conmigo. […] Aquel que me da su amistad, su respeto y cariño. Recuerdo que juntos pasamos muy duros momentos, y tú no cambiaste por fuertes que fueran los vientos. Es tu corazón una casa de puertas abiertas. 

En ciertos momentos difíciles que hay en la vida, buscamos a quien nos ayude a encontrar la salida. Y aquella palabra de fuerza y de fe que me has dado, me da la certeza que siempre estuviste a mi lado. Tú eres mi amigo del alma en toda jornada, sonrisa y abrazo festivo a cada llegada. Me dices verdades tan grandes con frases abiertas.

Tú eres, realmente, el más cierto en horas inciertas…” (Roberto Carlos).

Existen muchos TIPOS de amor, el de la AMISTAD es uno de los más importantes y difíciles de encontrar. Hoy quiero levantar la VOZ por este GRAN AMOR.

La amistad es un SENTIMIENTO que atraviesa el alma y trasciende el concepto de tiempo, distancia, espacios y fronteras. No tiene FECHA de aniversario, se celebra todos los días y ama en todos los momentos. Con ella, nunca hay soledad y resplandece, incluso más, en la oscuridad.

Son dos corazones que se “funden” en uno.

Es “encuentro” y “comunión” compartida y se manifiesta con y en todo, porque ES UN TODO: “palabras, miradas, abrazos, sonrisas, gestos…”, siendo, uno de los grandes PILARES en la vida de los seres humanos.

A veces, la VIDA TE SORPRENDE y a mí hace años lo hizo, porque me “regaló” un gran TESORO, el de la AMISTAD. Cada uno/a de nosotros/as, mostramos lo que somos en/con los amigos/as que tenemos.

Un AMIGO es el que no habla nunca con silencios insensibles o indiferentes, y se expresa, sin necesidad de fingir, con verdad serena y sincera, y sin ciclotimias o artificios. No aconseja o imparte, sino que comparte. No sólo guía, además ilumina. Es certidumbre y certeza, consuelo y complicidad, lealtad y honestidad, en lo bueno y en lo malo.

No aparece de vez en cuando, siempre está contigo. Es compañero incondicional y fraternal de viaje, te acompaña y camina a tu lado. Siempre acude, sin necesidad de gritar su nombre. Se interesa y preocupa, incluso más que por tu simple destino exterior, por tu destino interior.

Es generoso y altruista, sin exigir o esperar recibir. No da, comparte dándose. Es confidente, ayuda y apoyo solidario. Nunca hace balances, ni te ve como inversión. Tus éxitos son los suyos, los hace propios. Se interesa por ti y se implica en tu vida.

Vive y convive, crece y madura contigo. Te escucha con el corazón y con él siempre se puede pensar en voz alta. Noble y sincero, no le hace falta engañar o maquillar las cosas. Regala atención, confianza y compromiso.

Nunca se diluye, ni renuncia a ti o te niega, ni en público ni en privado. Defiende tu amistad, no la oculta, la reivindica. Nunca se da por vencido. Es ejemplo de coherencia y no muestras disonancias por ego.

Con él siempre eres tú mismo, logrando que aflore la esencia de tu mejor versión. Es comprensivo, te atiende y entiende, asume tus diferencias y te acepta holísticamente. Respeta tu libertad e idiosincrasia, no busca ser igual que tú, ni hacerte como él. No le hace falta, porque ser distintos es ser los dos.

Alimenta y nutre en la interacción personal, creciendo y creando contigo raíces y alas. Es salud física, psíquica y emocional. Potencia y no condiciona, enriquece positivamente, duplicando alegrías y dividiendo angustias.

Es empático y se sabe poner en tus “zapatos”. No busca ser perfecto, sino ser amigo y es amigo, siéndolo. No sólo te manifiesta sus sentimientos, sino que te los hace sentir.

         Así es MI AMIG@, MI MEJOR AMIG@, MI AMIG@ MÁS QUERID@. Él/Ella es todo esto y mucho más. Decir amig@es decir, con mayúsculas… su NOMBRE.

“Por eso te digo, que es bueno así sentir, que yo tengo 
un GRAN AMIGO” (R.C).

¡Muchas Gracias, AMIGO/A!
Por/para siempre TUYO/A.



viernes, 3 de febrero de 2017

RECOMENDACIÓN: El guerrero pacífico, por Miguel Llofríu Terrasa

Lo primero que tengo que decir sobre El guerrero pacífico es que hacía mucho tiempo que una película no me impactaba tanto. Tengo que reconocer que este largometraje protagonizado por Nick Nolte ha sido una auténtica fuente de inspiración para reafirmar un estilo de vida que rechaza las angustias. La película está llena de frases con mucha profundidad. De hecho, es de esas obras maestras que cuanto más la miras más detalles captas.
No voy a centrarme en el argumento porque es un aspecto secundario, aunque, hay que decir que tiene una trama que engancha y que tienes ganas de que se sucedan las escenas porque vas de sorpresa en sorpresa aprendiendo nuevas perspectivas.
Las enseñanzas de la película están basadas en -supuestamente- hechos reales. De hecho, el otro coprotagonista asume el nombre del autor del libro El guerrero pacífico, Dan Millman, con lo cual la película se revierte de tintes biográficos, lo que la hace aún más increíble.
Después de comprender lo que significa sacar la basura de nuestra mente, de todo lo que no sea este momento y de asumir las tres leyes de paradoja, humor y cambio, estamos capacitados para vivir el momento presente, disfrutándolo y viviendo con intensidad. La película es una invitación a conectar con nuestro ser, con nuestra intimidad y darse cuenta que la felicidad está en el camino, no en el destino.
Hay que avisar, la película no es mágica. Se puede ver 500 veces y continuar dormido en la vida; pero, aunque no logremos desarrollar el potencial del guerrero pacífico, al menos seremos conscientes de que no podemos tener el control (paradoja), nos reiremos de nosotros mismos por estar siempre distraídos (humor) y mantendremos la esperanza de que podemos seguir mejorando (cambio). Las enseñanzas que podemos captar no hacen un mundo mejor automáticamente, pero nos dan unos ojos nuevos para ver las cosas de otra manera, y, a partir de ahí, podemos hacer mejor nuestro mundo.
Sinceramente, espero que quien la vea después de esta recomendación se sienta fascinado como me he sentido yo… por cierto, si hay conexión con la película, se puede seguir ampliando ya que Dan Millman ha escrito 14 libros en los que profundiza aspectos de la película… aunque de momento, yo me quedo con el impacto inicial del guerrero pacífico.


Miguel Llofríu