Por zona de confort entendemos aquellas costumbres, creencias y rutinas que hemos interiorizado y, que de algún modo, forman parte de nuestra identidad. Podríamos decir que constituye nuestras fronteras que conforman nuestra percepción de lo que es posible hacer. El problema es que el nombre de confort podría indicar que se trata de algo cómodo, cuando realmente lo que designa es aquello a lo que nos hemos acomodado. Por ejemplo, un estudiante que acepta los acosos de sus compañeros y no hace nada por solucionarlo, llegando incluso a normalizarlo, estaría en su zona de confort.
Así pues, permanecer siempre en nuestra zona de confort supone, al menos, dos limitaciones. La primera, como hemos visto en el ejemplo anterior, nos llevaría a vivir dentro de unas costumbres limitantes y limitadoras, es decir, vemos como normales las diferentes esclavitudes a las que nos podemos ver sometidos.
La segunda, haría referencia al coste de oportunidad. Aunque nuestra zona de confort no sea esencialmente negativa y limite nuestro desarrollo humano, puede ser que bloquee acceder a nuevas oportunidades gratificantes de crecimiento.
De ahí que los expertos recomienden salir de la zona de confort para aventurarse a lo que se suele denominar la zona de aprendizaje. Ésta consiste en probar, en experimentar cosas nuevas. No hace falta recalcar que esto no es una invitación a hacer locuras o a no tener ningún tipo de autocontrol. Esa sería una burda caricatura de lo que se está proponiendo. La idea es tener apertura hacia experiencias que sean significativas para nosotros, pero, que hasta ahora no las hemos realizado por algún motivo, y, nos hemos ido recluyendo paulatinamente en nuestra zona de confort. La invitación, siempre desde la prudencia, es atreverse a caminar gradualmente hacia nuestros sueños, ilusiones y curiosidades.
Aunque en la mayoría de las ocasiones, la expedición a nuestra zona de aprendizaje nos aportará grandes satisfacciones, no siempre tiene que resultar alentadora. Aún en esos caso, el hecho de confirmar un camino que no es el nuestro es más positivo que siempre estar recluido en nuestras seguridades ficticias.
Una zona de aprendizaje bien gestionada nos ayudará a tener apertura ante lo nuevo y a mejorar nuestra capacidad de adaptación ante lo que nos depare la vida.De este modo, evitaremos convertirnos en trolls que vigilan el puente hacia la felicidad, impidiendo acceder a las grandes oportunidades que van floreciendo a nuestro alrededor, pero que nos perdemos por no salir a buscarlas.

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