Los trenes en la vida son oportunidades que nos esperan durante poco tiempo. Ellos son las grandes ocasiones que nos pueden abrir nuevas posibilidades. En ocasiones, son cruciales. Si dejas pasar el tren, si no te subes a él cuando es el momento, quizás ya no lo puedas volver a coger en toda tu vida.
Subir al tren significa tener la certeza de que estamos yendo por un buen camino. Al menos, uno que deseamos y consideramos que nos puede llevar a estaciones que nos aportarán mucho.
Sin embargo, todo lo maravilloso que son los trenes en la vida, también nos llevan a la sensación de vacío cuando por haber dudado demasiado no hemos subido a tiempo. Cuando aparece esa angustia, constatamos demasiado tarde que nos hubiera gustado ir en ese tren, que era el nuestro... pero ahora es demasiado tarde.
Quizás el tren empieza a marchar cuando estamos algo alicaidos o tristes. Quizás no tengamos las fuerzas o las ganas. Quizás no hemos tenido el apoyo de alguien que nos quiere... en fin, sea como fuere el tema es que nosotros mismos no hemos sido capaces de subir al tren.
Cuando ya se ha ido, entonces desde el silencio de la estación de la vida, nos damos cuenta que por no haber tenido la iniciativa, de alǵun modo, nos vamos a perjudicar.
Pero desde el asiento en el que nos hemos quedado en la estación, y ante las vías, ahora vacías, lo último que tenemos que hacer es lamentarnos y bloquearnos. Si anhelamos haber tenido iniciativa, precisamente, debemos construir la actitud que nos ha faltado. Esa es una de las maneras de dar sentido a la gran oportunidad perdida.
Ya que no podemos ir detrás del tren, al menos eso nos tiene que servir para estar atentos y, como un ave fénix, regenerarnos. Nuestra nueva actitud, quizás nos lleve en un futuro a otras grandes oportunidades o quizás no. Pero, al menos, en lugar de estar quejándonos por lo que hemos perdido, estaremos atentos para alcanzar lo que podemos.

Durante nuestra vida visitamos muchas estaciones y estamos rodeados de muchos trenes que, en su incesante ir y venir, crean los escenarios de la vida. Pero, no sólo hay que plantearse, qué pasará si perdemos o si nos subimos a alguno de ellos. Lo importante es tener la capacidad de generar, tu propia locomotora y diseñar tus estaciones, de forma proactiva, teniendo claro hacia dónde queremos transitar en nuestro devenir vital. En este recorrido, no hay cabida para el “lamento”, sólo para la “acción” de la actitud. No hay “oportunidades” perdidas, sino nuevas “posibilidades”. ¡Adelante! Nunca dejes de ser tu propio maquinista, no esperes, CAMINA!!!
ResponderEliminar