jueves, 8 de diciembre de 2016

¿Sabes distinguir entre amor y complacencia?

amar es mejorar

El  amor es la brújula de la existencia de muchas personas, y, ojalá lo fuese más. Sin embargo, a veces, da la impresión que amar a alguien consiste en no llevarle la contraria y ceder ante sus deseos. En las ocasiones en las que ocurre eso, no se puede hablar de amor, sino de complacencia. 

La complacencia, como su nombre indica, consiste en agradar a la otra persona en la manera y el modo en que dicha persona quiere ser agradada. Por ejemplo, en un cumpleaños o aniversario solemos preparar la tarta, los regalos, la decoración... a gusto de la persona que es agasajada. En esa ocasión, es muy adecuado ser complaciente. 

Pero, cuando esa actitud es constante, no es sana ni adecuada. La motivación parece que es el amor, pero no lo es. Ahora bien, la diferencia precisa de reflexión para establecerla adecuadamente. El punto en común que tienen el amor y la complacencia es que la otra persona es la prioridad, es decir, se antepone a los egoísmos y/o necesidades propias. 

La complacencia, busca que la otra persona siempre esté contenta y no tolera desavenencias. Por eso, de la complacencia a la manipulación emocional hay muy poca distancia. Cuando se complace, se puede hacer incluso en contra de la persona complacida, es decir, en lugar de fomentar su desarrollo, lo que hacemos es justificar sus vicios y debilidades. Cualquier medio es adecuado con tal de que la otra persona no se enfade o proteste. Buscamos tanto mimar, que olvidamos colaborar con el desarrollo de la otra persona. Cuando se complace, se atienden las apetencias de la otra persona, no a lo que realmente necesita.

En cambio, al amar, el objetivo es colaborar con la otra persona en su desarrollo según lo que ella quiere y necesita, no simplemente en lo que le apetece. Por supuesto, que si coinciden ambas dimensiones es genial, pero, al amar siempre tenemos que distinguir. Por eso, a veces amar puede consistir en acciones que pueden resultar más o menos agradables pero siempre buscando el bien de la otra persona. Más allá de las apetencias se sitúa la otra PERSONA en mayúsculas.  Amar es acompañar en el desarrollo vital, amar consiste en superarse con la otra persona, amar de verdad puede conllevar llevar la contraria, discrepar, incluso a riesgo de perder el favor de la otra persona si con ello la ayudamos a en su proceso de mejora

Amar es mejorar con la otra persona. El agrado es algo más secundario.

Por eso, quien ama, no espera nada a cambio, porque si esperas que todo lo que hagas sea agradable y que la otra persona se sienta complacida porque no la cuestionas, entonces, ya has caído en la tentación de la complacencia.

Amar es superarse CON


martes, 6 de diciembre de 2016

Servir

Servir




Aprender a servir sin herir. 
Aceptar el motor de la superación,
para mejorar con los demás. 

Colaborar con todos, sin superioridad,
sin reciprocidad, sin rencor.

Aprender a decir las cosas para,
efectivamente, decirlas y que sean 
semilla de desarrollo.

Aprender a navegar por conflictos y tormentas.
A veces, son necesarios para roturar bloqueos
Su ausencia no es sinónimo de acierto.

Aprender a servir, 
haciendo a los demás protagonistas
de sus propios sueños.


La felicidad es una decisión personal


La felicidad es una decisión personal





Últimamente, me encuentro dialogando sobre la felicidad con diversas personas. Reproduzco un buen encuentro, con las debidas licencias creativas:


- El desarrollo del tema de la felicidad es muy bonito y gratificante, pero, ahora prefiero centrarme en las conclusiones. La primera conclusión sobre la búsqueda de la felicidad es que se trata de una decisión personal. En otras palabras, primero uno tiene que decidir que quiere ser feliz. Aunque parece que es una cuestión obvia, resulta que no lo es porque solemos confundir ser feliz con tener algo que me hace sentirme feliz.

- Esto nos lleva a perfilar la dicotomía entre ser-uno mismo y las circunstancias. Las circunstancias me influyen y afectan, pero nunca me determinan. Aquí, parto de la distinción entre circunstancias-tener y circunstancias-ser. Así pues, las circunstancias-tener no pueden afectar a la felicidad. Esto es así, porque del hecho de tener mucho o tener poco no se sigue la correlación de ser o más feliz. Pero, cuidado, si se puede seguir la apariencia, sensación o euforia sobre la felicidad. Uno puede creer que al tener más es más feliz pero, como mucho, es una sensación. Puedo tenerlo todo en el mundo y, sin embargo, sentirme frustrado, aislado y desconectado de mi propio ser. La relación viceversa también es posible. Hay personas con bastante poco, y, aún conociendo y aspirando a tener más, mientras lo van logrando no se sienten inferiores. Ellas, han logrado diferenciar adecuadamente que una cosa es quién soy yo y otra las cosas que puedo tener.

- ¿Pero tener cosas no es importante?

- Ciertamente, dependerá de cada uno. Es una decisión personal, lo único que defendemos aquí es que hay que ir con cuidado en poner el sentido de la vida en adquirir bienes porque eso no garantiza directamente la felicidad.

- O sea, que habrá gente con mucho que será feliz y gente con mucho que será infeliz. Y lo mismo ocurrirá para la ausencia de cosas o bienes. Los habrá felices e infelices.

- Exacto, y, ¿eso que nos indica?

- No sé. Quizás que las cosas no son lo determinante.

- Sí. Si hay gente que es feliz con mucho y con poco, entonces, la felicidad está más allá de lo que podamos acceder.

- ¿Más allá? ¿No has dicho que es una decisión personal?

- Cierto, ¡Muchas gracias!. La felicidad, entonces está más “acá”. Es una decisión personal. Cuando decido ser feliz me comprometo a una cierta actitud ante las circunstancias-tener. Entonces, no permito que su abundancia o escasez me afecten. Yo me centro en ser cada día quién quiero ser.

- ¡Pero eso puede estar condicionado culturalmente!

- Probablemente, pero también hay aspectos que no. De ahí, que sea importante pararse a reflexionar de vez en cuando y pensar en  nuestros propios condicionamientos. Se trata de poner en valor aquello de “conócete a ti mismo”.

- De acuerdo. Esto me recuerda al árbol de la vida.

- Cierto. Desde ese conjunto de metáforas, nos damos cuenta de que es importante conocer nuestras raíces porque las llevaremos siempre, son difícilmente modificables. En cambio, el tronco y, sobre todo las ramas, podemos decidirlas y desarrollarlas, siempre que reflexionemos sobre quién realmente queremos ser.
 
- Parece difícil...

- Sí, no es fácil, pero sí que merece el esfuerzo, porque todo esto nos lleva a ser protagonistas de nuestra vida. En definitiva, a tomar decisiones conscientes que nos lleven a una vida consciente y plena de sentido.

- ¿Y ya está? ¿Con esto podemos ser felices?

- No lo sé, creo que nos ayuda más que nos entorpece .En el fondo es más sencillo, pero, nos encontramos con nuestros condicionamientos culturales que parece que han hecho el tema de la felicidad complicado e inalcanzable. Quiero decir que no puede ser que la actitud de felicidad sea algo tan complejo y difícil…  Debemos renunciar a que la frustración sea el motor de nuestra vida.


frustración




- Claro, la frustración me hace justificar el fracaso, el ansía de siempre estar haciendo cosas y…

- Y el ansía de tener. Fíjate en la cantidad de personas que buscan la seguridad en las cosas.

- Pero si es su opción...

- ¿Y qué ocurrirá el día que las cosas no estén? ¿Qué será de ellas? No, la felicidad somos nosotros mismos, lo demás debe ser accesorio, lo cual no quiere decir que no tenga su importancia, pero, debe estar limitado de la manera que hemos ido describiendo. La falta de límite en las circunstancias-tener nos convierte en esclavos vitales del tener y ahoga todas las maravillas que hay en nuestro ser.

- Bueno, esto nos daría para ir hablando de otros temas, no tengo tan claro que todo el mundo sea tan maravilloso.

- Ciertamente, habría que ir dialogando sobre esa cuestión. Pero, si te parece, de momento nos puede bastar lo que hemos dicho sobre la felicidad. Aunque, si me lo permites, un último apunte.

- Claro, siempre que tú me permitas una última crítica.

- ¡Por supuesto!  Lo último es que en esto de la felicidad uno debe hacer caso a su conciencia, especialmente si la ha convertido en consciencia. Pero no hay que olvidar que igual de importante es el deber de seguirla como el deber de formarla.

- Claro, así puede ir desarrollando críticamente su conocimiento sobre sí mismo y la vida.

- No añado nada más, tu crítica es un buen punto y seguido. Muchas gracias por aportar.


- Gracias a ti. 

Autenticidad y aceptación


Lo que dejo de amar



Derrotado...
¡¡pero también liberado!!
¡Qué bien reconocer la derrota en las batallas espurias del día a día!
Como ya he perdido ya no tengo que agobiarme, 
ya no hay tensión desmedida

De esa aceptación, surge una paz inusitada.
Da igual si voy perdiendo.
Si no busco ganar, perder no me puede doler.

¡Qué bien poder enfocarme en lo importante!
En vivir el amor a cada instante. 

Los problemas, de alguna manera, 
se solucionarán con el tiempo,
lo que dejo de amar por tener el corazón
donde no toca, no volverá.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Podemos elegir nuestro destino, pero no los caminos para llegar a él



A veces (o muchas veces) las cosas no salen como habíamos previsto, y, en ocasiones, después agradecemos que no hayan salido como esperábamos porque se ha abierto una nueva oportunidad. Sin embargo, también en otras circunstancias, vemos que por no haber logrado el objetivo nos vemos abocados a diversos problemas y frustraciones.

¿Cómo saber si no lograr algo es un éxito o un fracaso?

No hay respuesta rápida ni fácil, en parte debido a nuestro gran potencial para otorgar sentido y explicación a todo lo que nos ocurre. En otras palabras, podemos justificar casi cualquier cosa que nos ocurre. Que algo sea bueno o nocivo dependerá más de nuestra interpretación que de lo acaecido. Así la misma situación para unos es una maldición y para otros una bendición.

Por eso, quizás la cuestión es tener claro donde queremos llegar y, contestar a la pregunta ¿quién quiero  ser? antes que la pregunta ¿qué quiero ser?


preguntas importantes


De este modo, podemos ir flotando sobre los acontecimientos del día a día y podemos cuestionar las diversas opciones para encontrar el equilibrio entre nuestras metas y el modo de llegar a ellas. Así tendremos la serenidad para adaptarnos a los imprevistos y minimizar los previstos. La clave es ser consciente de los valores que queremos vivir y desarrollar y entender lo que nos va pasando como oportunidades para demostrar nuestra convicción, sabiendo que no lo podemos ni debemos controlar todo. No pasa nada porque las cosas no salgan como queremos, lo importante es que nosotros "salgamos" como queremos. Podemos elegir nuestro destino, pero no los caminos para llegar a él. 









viernes, 2 de diciembre de 2016

Ser siempre


Ser siempre



Máxima velocidad, sin parar
El esfuerzo nos va comiendo
y aparecen las dudas muy juntas
¿es ésta la vida que queremos llevar?

¿Acaso se podría vivir de otro modo?
...Siempre se puede. Mejor cuestionar
¿Estamos dispuestos a renunciar?
...La respuesta brota rápidamente como la vida.

Mientras se pueda aguantar, seguir
Tampoco queremos una vida pasiva.
El desafío es no renunciar a lo esencial
dentro de tanta vorágine y urgencia.

El ritmo lo debemos marcar nosotros,
no ser esclavos de nuestras ansias
ni de las presiones externas.
Ser capaces de mantener la concentración.


Desafío esencial