Últimamente, me encuentro dialogando sobre la felicidad con
diversas personas. Reproduzco un buen encuentro, con las debidas licencias creativas:
- El desarrollo del tema de la felicidad es muy bonito y gratificante, pero,
ahora prefiero centrarme en las conclusiones. La primera conclusión sobre la búsqueda de la
felicidad es que se trata de una decisión personal. En otras palabras, primero
uno tiene que decidir que quiere ser feliz. Aunque parece que es una cuestión
obvia, resulta que no lo es porque solemos confundir ser feliz con tener algo
que me hace sentirme feliz.
- Esto nos lleva a perfilar la dicotomía entre ser-uno
mismo y las circunstancias. Las circunstancias me influyen y afectan, pero
nunca me determinan. Aquí, parto de la distinción entre
circunstancias-tener y circunstancias-ser. Así pues, las circunstancias-tener
no pueden afectar a la felicidad. Esto es así, porque del hecho de tener mucho
o tener poco no se sigue la correlación de ser o más feliz. Pero, cuidado, si
se puede seguir la apariencia, sensación o euforia sobre la felicidad. Uno puede
creer que al tener más es más feliz pero, como mucho, es una sensación. Puedo
tenerlo todo en el mundo y, sin embargo, sentirme frustrado, aislado y desconectado de
mi propio ser. La relación viceversa también es posible. Hay personas con bastante poco,
y, aún conociendo y aspirando a tener más, mientras lo van logrando no se
sienten inferiores. Ellas, han logrado diferenciar adecuadamente que una cosa
es quién soy yo y otra las cosas que puedo tener.
- ¿Pero tener cosas no es importante?
- Ciertamente, dependerá de cada uno. Es una decisión personal,
lo único que defendemos aquí es que hay que ir con cuidado en poner el sentido
de la vida en adquirir bienes porque eso no garantiza directamente la
felicidad.
- O sea, que habrá gente con mucho que será feliz y gente con
mucho que será infeliz. Y lo mismo ocurrirá para la ausencia de cosas o bienes. Los
habrá felices e infelices.
- Exacto, y, ¿eso que nos indica?
- No sé. Quizás que las cosas no son lo determinante.
- Sí. Si hay gente que es feliz con mucho y con poco, entonces,
la felicidad está más allá de lo que podamos acceder.
- ¿Más allá? ¿No has dicho que es una decisión personal?
- Cierto, ¡Muchas gracias!. La felicidad, entonces está más
“acá”. Es una decisión personal. Cuando decido ser feliz me comprometo a una
cierta actitud ante las circunstancias-tener. Entonces, no permito que su
abundancia o escasez me afecten. Yo me centro en ser cada día quién quiero
ser.
- ¡Pero eso puede estar condicionado culturalmente!
- Probablemente, pero también hay aspectos que no. De ahí,
que sea importante pararse a reflexionar
de vez en cuando y pensar en nuestros
propios condicionamientos. Se trata de poner en valor aquello de “conócete a ti
mismo”.
- De acuerdo. Esto me recuerda al árbol de la vida.
- Cierto. Desde ese conjunto de metáforas, nos damos cuenta
de que es importante conocer nuestras raíces porque las llevaremos siempre, son
difícilmente modificables. En cambio, el tronco y, sobre todo las ramas, podemos decidirlas y desarrollarlas,
siempre que reflexionemos sobre quién realmente
queremos ser.
- Parece difícil...
- Sí, no es fácil, pero sí que merece el esfuerzo, porque todo
esto nos lleva a ser protagonistas de nuestra vida. En definitiva, a tomar decisiones
conscientes que nos lleven a una vida consciente y plena de sentido.
- ¿Y ya está? ¿Con esto podemos ser felices?
- No lo sé, creo que nos ayuda más que nos entorpece .En el
fondo es más sencillo, pero, nos encontramos con nuestros condicionamientos
culturales que parece que han hecho el tema de la felicidad complicado e
inalcanzable. Quiero decir que no puede ser que la
actitud de felicidad sea algo tan complejo y difícil… Debemos renunciar a que la frustración sea el motor de nuestra vida.
- Claro, la frustración me hace justificar el fracaso, el
ansía de siempre estar haciendo cosas y…
- Y el ansía de tener. Fíjate en la cantidad de personas que
buscan la seguridad en las cosas.
- Pero si es su opción...
- ¿Y qué ocurrirá el día que las cosas no estén? ¿Qué será de ellas? No,
la felicidad somos nosotros mismos, lo demás debe ser accesorio, lo cual no
quiere decir que no tenga su importancia, pero, debe estar limitado de la
manera que hemos ido describiendo. La falta de límite en las
circunstancias-tener nos convierte en esclavos vitales del tener y ahoga todas
las maravillas que hay en nuestro ser.
- Bueno, esto nos daría para ir hablando de otros temas, no
tengo tan claro que todo el mundo sea tan maravilloso.
- Ciertamente, habría que ir dialogando sobre esa cuestión.
Pero, si te parece, de momento nos puede bastar lo que hemos dicho sobre la
felicidad. Aunque, si me lo permites, un
último apunte.
- Claro, siempre que tú me permitas una última crítica.
- ¡Por supuesto! Lo último es
que en esto de la felicidad uno debe hacer caso a su conciencia, especialmente
si la ha convertido en consciencia. Pero no hay que olvidar que igual de
importante es el deber de seguirla como el deber de formarla.
- Claro, así puede ir desarrollando críticamente su
conocimiento sobre sí mismo y la vida.
- No añado nada más, tu crítica es un buen punto y seguido.
Muchas gracias por aportar.
- Gracias a ti.



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