El amor es la brújula de la existencia de muchas personas, y, ojalá lo fuese más. Sin embargo, a veces, da la impresión que amar a alguien consiste en no llevarle la contraria y ceder ante sus deseos. En las ocasiones en las que ocurre eso, no se puede hablar de amor, sino de complacencia.
La complacencia, como su nombre indica, consiste en agradar a la otra persona en la manera y el modo en que dicha persona quiere ser agradada. Por ejemplo, en un cumpleaños o aniversario solemos preparar la tarta, los regalos, la decoración... a gusto de la persona que es agasajada. En esa ocasión, es muy adecuado ser complaciente.
Pero, cuando esa actitud es constante, no es sana ni adecuada. La motivación parece que es el amor, pero no lo es. Ahora bien, la diferencia precisa de reflexión para establecerla adecuadamente. El punto en común que tienen el amor y la complacencia es que la otra persona es la prioridad, es decir, se antepone a los egoísmos y/o necesidades propias.
La complacencia, busca que la otra persona siempre esté contenta y no tolera desavenencias. Por eso, de la complacencia a la manipulación emocional hay muy poca distancia. Cuando se complace, se puede hacer incluso en contra de la persona complacida, es decir, en lugar de fomentar su desarrollo, lo que hacemos es justificar sus vicios y debilidades. Cualquier medio es adecuado con tal de que la otra persona no se enfade o proteste. Buscamos tanto mimar, que olvidamos colaborar con el desarrollo de la otra persona. Cuando se complace, se atienden las apetencias de la otra persona, no a lo que realmente necesita.
En cambio, al amar, el objetivo es colaborar con la otra persona en su desarrollo según lo que ella quiere y necesita, no simplemente en lo que le apetece. Por supuesto, que si coinciden ambas dimensiones es genial, pero, al amar siempre tenemos que distinguir. Por eso, a veces amar puede consistir en acciones que pueden resultar más o menos agradables pero siempre buscando el bien de la otra persona. Más allá de las apetencias se sitúa la otra PERSONA en mayúsculas. Amar es acompañar en el desarrollo vital, amar consiste en superarse con la otra persona, amar de verdad puede conllevar llevar la contraria, discrepar, incluso a riesgo de perder el favor de la otra persona si con ello la ayudamos a en su proceso de mejora.
Amar es mejorar con la otra persona. El agrado es algo más secundario.
Por eso, quien ama, no espera nada a cambio, porque si esperas que todo lo que hagas sea agradable y que la otra persona se sienta complacida porque no la cuestionas, entonces, ya has caído en la tentación de la complacencia.
Amar es mejorar con la otra persona. El agrado es algo más secundario.
Por eso, quien ama, no espera nada a cambio, porque si esperas que todo lo que hagas sea agradable y que la otra persona se sienta complacida porque no la cuestionas, entonces, ya has caído en la tentación de la complacencia.



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