lunes, 29 de mayo de 2017

¿ES POSIBLE EL EQUILIBRIO ASERTIVO? por Miguel Llofríu Terrasa

  Con la asertividad podemos lograr una manera de comunicarnos con los demás en la cual expresamos aquello que consideramos que tenemos derecho a decir con la seguridad de no ofender ni agobiar a quien nos escucha.

   Vamos a intentar desarrollarlo. En primer lugar, todos hemos escuchado y posiblemente vivido, la expresión “la gota que colma el vaso”, con la que se quiere significar que, una acción ha desencadenado un conjunto de reacciones desproporcionadas. 

   Cuando estamos en este punto, las personas que son receptoras de la ira de haber rebasado el límite de nuestro vaso emocional, no entienden el por qué de tal reacción, ya que por un lado lo que han hecho no es para tanto y, por otro, ya estaban acostumbradas a realizarla. 

   Esto último, todavía golpea más duro en el vaso emocional y, a veces, puede romperlo, porque quien lo sufre se siente incomprendid@,

   Para no caer en esta situación, lo mejor es siempre evitarla; es decir, hay que procurar que no se vayan acumulando en nuestra vida actos verbales y/o no verbales que otros nos hagan y que nos incomodan. Esto no quiere decir que tengamos la razón, tan solo que nos molestan. Ni más ni menos. 

   Y, uno de los mejores remedios para lograrlo es fomentar la asertividad. Sobre este concepto, se ha escrito mucho porque bien encauzado puede favorecer un buen equilibrio emocional, e incluso mejorar la eficacia y eficiencia de la comunicación interpersonal. Vamos a dar ahora una breve caracterización del mismo. 

   En primer lugar, partimos de que las personas solemos tender conductualmente a un “polo agresivo” o a un “polo pasivo”. 

  •           Las personas agresivas, se plantean objetivos y van a por ellos. En ocasiones, para lograrlos pueden hacer daño a otras. Cuando no se dan cuenta de ello o no quieren rectificarlo, la tendencia es que se van quedando solas porque nadie quiere estar con alguien que te trata como un objeto, o que te hace daño. El resultado, es que se quedan solas en la vida. 
  •        Las personas pasivas, constantemente evitan los conflictos y por ello, no expresan lo que piensan o sienten. Así, siempre se dejan llevar por otras, aunque no les gusten o compartan sus propuestas. Si no rectifican a tiempo, llegará un momento en que no estarán a gusto con nadie, porque nunca se hace lo que ellas consideran apropiado. Resultado, se quedan solas en la vida. 


     Como vemos, los dos “polos extremos” sin correcciones o ajustes, llevan a la misma meta, aunque por caminos bien diferentes

    La cuestión, es buscar un “punto de equilibrio”. Para ello, deberíamos analizarnos a nosotros mismos y ver cuál es nuestra tendencia habitual. 

    Si somos agresivos, tenemos que focalizarnos en ser empáticos. Así, la regla de oro sería “yo lucho por conseguir lo que quiero, pero sin hacer daño a nadie”. Hay que construir unos límites de valores a la hora de actuar y dentro de ellos, procurar conseguir el máximo posible. 

      Si somos pasivos, tenemos que enfocarnos en expresar nuestros pensamientos y, a veces, nuestros sentimientos. Hay que apostar por la valentía y la innovación, huyendo de las tendencias y costumbres del pasado. La regla de oro sería “construiré el momento y lugar (o el medio) adecuado para decir lo que pienso”. Las personas pasivas, a veces, no hablan porque pueden tener miedo a expresar en público o requieren más tiempo para elaborar su argumentación. Así pues, hay que hacer una pequeña planificación para saber qué se quiere decir y luego, encontrar el modo adecuado de hacerlo. No hay que esperar sentados a que venga la ocasión. 

   De este modo, la asertividad, toma de la agresividad el decir y hacer, y de la pasividad, no infringir daño. En la medida que vayamos desarrollando nuestra capacidad asertiva, veremos que mejora la convivencia con los demás y que estamos más a gusto con nosotros mismos. Además, consolidamos virtudes o valores importantes como la de saber escuchar y la de saber comunicarnos teniendo en cuenta a los otros. 

   Por supuesto, no es un camino fácil, pero vale la pena intentarlo por lo bien que estaremos y nos sentiremos. Dicho de otro modo. ¿Cuantos problemas he tenido que en el fondo han sido malentendidos, diferentes interpretaciones o cosas que me he callado? ¿Cómo me han afectado? ¿Cuánto tiempo de alegría vital me han quitado? En la medida en que seamos más asertivos, viviremos o nos encontraremos en menos de estas situaciones y problemas. 





viernes, 5 de mayo de 2017

Reflexiones en una tarde de PRIMAVERA por Bartolomé Martínez Terencio

Para descubrir nuevas tierras debemos estar dispuestos a perder de vista la costa por un muy largo tiempo (Andre Gide).




  En la PISTA de la vida suena música variada (bachata, soul, rap, heavy metal, clásica, balada, house, country, tango…), puede escucharse “color esperanza” o “corazón partío” y se pueden bailar, cantar o escuchar, todas estas melodías, ritmos y estilos musicales, solos (solista), en pareja (dueto) o grupalmente (orquesta).
“La VIDA tiene todos los colores y sonidos”.
  En ocasiones, pasamos por circunstancias “difíciles e inesperadas”, lo que genera que tengamos que afrontar “duelos”, que siempre son individuales-personales y conllevan un ejercicio de “reflexión interior”. Lo realmente importante no es la persona o situación que los pudo originar, sino cómo transitamos y salimos de ellos, para seguir afrontando el “cambio” y orientando nuestra NUEVA vida. Los “duelos” deben ser transformadores, sin epitafios y sí con celebración final. Duelo y “crecimiento-aprendizaje experiencial–renacimiento-redefinición” van unidos.
“Los corazones más bellos son los que están llenos de cicatrices por las múltiples y diversas experiencias vividas (están/son muy vivos y vívidos) y NO los que se mantienen sin imperfecciones o heridas, porque nunca han arriesgado en la vida o en el amor”.
  El “DUELO”, en cualquier crisis, puede retrasar o estancar nuestro Desarrollo Personal, si esperamos o necesitamos, por “dependencia” emocional, que nos acompañen otr@s, en ese “tránsito” o viaje sanador. Estos “procesos” siempre son “personales”. Podremos crecer junto o conjuntamente con otr@s, pero no podemos parar el reloj del tiempo para esperar a otr@s y que ést@s lleven o marquen nuestro paso; los “latidos” vitales son individuales, aunque, en ciertas ocasiones, puedan “acompasar” su ritmo con otr@s.
“A veces, somos archipiélagos y en otros momentos, necesitamos ser islas”.
  Las DEPENDENCIAS, nuestras o las de los otr@s respecto a nosotr@s, no son ni deseables ni funcionalmente buenas, porque sólo consiguen lastrar nuestro “vuelo” o estancar el de los demás. Cada un@ debe crear sus propias alas y tod@s debemos ser libres en nuestros diferentes e idiosincráticos “cielos”.
  Sólo y únicamente, desde el respeto y la libertad madura, con gran sinergia, podrá generarse proyectos vitales en plenitud y equilibradamente compartidos: “a mayor similitud y cercanía empática más posibilidad de consolidación y éxito de los mismos”.
  La vida es elegir y tomar decisiones. Hay que dejar fluir para que pueda acontecer, sabiendo diferenciar entre ser o simplemente estar. Y además, es mejor ser siempre proactivo, mostrando iniciativa, y no simplemente reactivo. Sólo cambiamos si queremos cambiar y debemos hacerlo por nosotr@s mism@s.
“Podemos vivir la aventura activa de la Odisea del Héroe/Heroína o la pasiva agonía y lento auto-martirio del que decide morir en vida.
¿Qué eliges tú…?”
  Nunca renunciemos a “conquistar” nuestros tiempos y espacios propios, hagamos camino cada día, para no perder el horizonte de nuestros sueños. La vida es AHORA, nunca debemos resignarnos o acomodarnos, porque “nos configuramos cada día y nos construimos continuamente”.
  Abramos los ojos, pero expandamos sobre todo la mente y el corazón: “mirando en un@ mism@”, porque se cambia desde “dentro”. ¡Luchemos por alcanzar nuestra mejor versión!
Sigamos buscándonos SIEMPRE…

INTIMIDADES DEL CORAZÓN (I) por Mª Teresa Latorre Calvo

a) Entra en MÍ, vida. Si entras, viviré.
Entra en MÍ, alegría. Si entras, disfrutaré.
Entra en MÍ, paz. Si entras, descansaré.
Si ENTRAS, DESPERTARÉ.

b) En noche de luna clara,
quiero soñar, quiero sentir,
quiero impregnarme de ti,
quiero LLENARME de tus SUEÑOS, LUNA.

c) Te MIRO, te ADMIRO.
Tus raíces fuertes y tus brazos altos,
soportan el peso de tus ramas frescas y verdes.
Te MIRO, te ADMIRO.
Te abrazo y me calmas, me relajas.
Tu olor me recuerda la vida,
una VIDA que si no te la cortan,
podrá ser ETERNA.

d) Cuando naciste, cuando viniste,
aquí no había nada, solo hambre.
Tu madre reseca, su vientre encogido,
sus pechos vacíos, qué podía darte, HIJO MÍO.


El hambre en tus ojos, hundidos y tristes,
qué podía darte, HIJO MÍO,
sin leche, cuando naciste.


Pobres hijos, vosotros perdisteis,
siempre perdedores de nuestro orgullo,
orgullo de hombre, ideales imposibles.


Siempre perdedores, las MADRES y sus HIJOS.
Cuando naciste, cuando viniste,
aquí no había más que orgullo.


Siempre perdedores, las MADRES y sus HIJOS.

e) El olor de la noche,
perfuma mi huerto.
Mi HUERTO imaginario,

de naranjos en flor…