Con la asertividad podemos lograr una manera de comunicarnos con los demás en la cual expresamos aquello que consideramos que tenemos derecho a decir con la seguridad de no ofender ni agobiar a quien nos escucha.
Vamos a intentar desarrollarlo. En primer lugar, todos hemos escuchado y
posiblemente vivido, la expresión “la gota que colma el vaso”, con la
que se quiere significar que, una acción
ha desencadenado un conjunto de reacciones desproporcionadas.
Cuando estamos en este punto, las
personas que son receptoras de la ira de haber rebasado el límite de nuestro vaso
emocional, no entienden el por qué
de tal reacción, ya que por un lado lo que han hecho no es para tanto y, por
otro, ya estaban acostumbradas a realizarla.
Esto último, todavía golpea más duro en el vaso emocional y, a veces,
puede romperlo, porque quien lo sufre se siente incomprendid@,
Para no caer en esta situación, lo
mejor es siempre evitarla; es decir, hay que procurar que no se vayan
acumulando en nuestra vida actos verbales y/o no verbales que otros nos
hagan y que nos incomodan. Esto no quiere decir que tengamos la razón, tan solo
que nos molestan. Ni más ni menos.
Y, uno de los mejores remedios
para lograrlo es fomentar la asertividad. Sobre este concepto, se ha
escrito mucho porque bien encauzado puede favorecer un buen equilibrio
emocional, e incluso mejorar la eficacia y eficiencia de la comunicación
interpersonal. Vamos a dar ahora una breve caracterización del mismo.
En primer lugar, partimos de que las
personas solemos tender conductualmente a un “polo agresivo” o a un “polo
pasivo”.
- Las personas agresivas, se plantean objetivos y van a por ellos. En ocasiones, para lograrlos pueden hacer daño a otras. Cuando no se dan cuenta de ello o no quieren rectificarlo, la tendencia es que se van quedando solas porque nadie quiere estar con alguien que te trata como un objeto, o que te hace daño. El resultado, es que se quedan solas en la vida.
- Las personas pasivas, constantemente evitan los conflictos y por ello, no expresan lo que piensan o sienten. Así, siempre se dejan llevar por otras, aunque no les gusten o compartan sus propuestas. Si no rectifican a tiempo, llegará un momento en que no estarán a gusto con nadie, porque nunca se hace lo que ellas consideran apropiado. Resultado, se quedan solas en la vida.
Como vemos, los dos “polos extremos” sin correcciones o ajustes, llevan a
la misma meta, aunque por caminos
bien diferentes.
La cuestión, es buscar un “punto de equilibrio”. Para ello,
deberíamos analizarnos a nosotros mismos y ver cuál es nuestra tendencia
habitual.
Si somos agresivos, tenemos que
focalizarnos en ser empáticos. Así, la regla de oro sería “yo lucho por
conseguir lo que quiero, pero sin hacer daño a nadie”. Hay que construir unos límites de
valores a la hora de actuar y dentro de ellos, procurar conseguir el máximo posible.
Si somos pasivos, tenemos que
enfocarnos en expresar nuestros pensamientos y, a veces, nuestros sentimientos.
Hay que apostar por la valentía y la innovación, huyendo de las tendencias y
costumbres del pasado. La regla de oro sería “construiré el momento y lugar
(o el medio) adecuado para decir lo que pienso”. Las personas pasivas, a
veces, no hablan porque pueden tener miedo a expresar en público o requieren
más tiempo para elaborar su argumentación. Así pues, hay que hacer una pequeña
planificación para saber qué se quiere decir y luego, encontrar el modo
adecuado de hacerlo. No hay que esperar sentados a que venga la ocasión.
De este modo, la asertividad, toma
de la agresividad el decir y hacer,
y de la pasividad, no infringir
daño. En la medida que vayamos desarrollando nuestra capacidad
asertiva, veremos que mejora la convivencia con los demás y que estamos más a
gusto con nosotros mismos. Además, consolidamos virtudes o valores importantes
como la de saber escuchar y la de saber comunicarnos teniendo en
cuenta a los otros.
Por supuesto, no es un camino
fácil, pero vale la pena intentarlo por lo bien que estaremos y nos sentiremos.
Dicho de otro modo. ¿Cuantos problemas
he tenido que en el fondo han sido malentendidos, diferentes interpretaciones o
cosas que me he callado? ¿Cómo me han afectado?
¿Cuánto tiempo de alegría vital me han quitado? En la medida en que
seamos más asertivos, viviremos o nos encontraremos en menos de estas
situaciones y problemas.

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