viernes, 30 de junio de 2017

Vivir humanamente por Miguel J. Llofríu


Creo que siempre hay que estar volviendo a reflexión sobre la importancia de ser protagonista de nuestra vida y evitar en la medida de lo posible ser reactivos.
Por reactivo, entendemos la capacidad de reaccionar de manera similar a aquello que nos acontece. Por ejemplo, si alguien me insulta, se devuelve el insulto. Si has tenido un mal día porque no has logrado tus objetivos, entonces, lo reactivo es llegar a casa enfadado o frustrado. 
Así pues, al ser reactivo nos convertimos en un eslabón de la cadena de las causas y las consecuencias. 

Supongo que algún lector, llegados a este punto, dirá: "Eso es lo normal". Y, efectivamente, podríamos decir que es la tendencia que tenemos todos. Sin embargo, hay un tipo de actitud y de estado de ánimo que supera con creces al ser reactivo. Se trata de ser protagonista. 

Durante estos días, me han hecho llegar una frase que está haciendo fortuna: la vida es un 20% lo que te pasa y un 80% cómo te lo tomas. Así, ante un evento inicialmente negativo, podemos generar una actitud positiva. El otro día uno de mis hermanos me comentó una gran anécdota al respecto. Fueron a un parque acuático con un pase, pero, la persona encargada de la taquilla no lo reconoció y sólo les dio la alternativa de pagar. Finalmente, después de mucho discutir, y por el bien de la familia, cedió y pagó. Al principio estaba furioso y, en otras ocasiones, seguramente habría estado enfadado todo el día por lo que él consideraba una injustica. En lugar de eso, esta vez, decidió disfrutar de su familia; viviendo el momento presente sin amargarse por el pasado. Resultado: un día fabuloso, entrañable y un bonito recuerdo familiar. Si hubiera sido reactivo, se lo habría perdido y, probablemente, hubiera amargado la convivencia. 

Este es un muy buen ejemplo de que las personas podemos ELEGIR cómo queremos reaccionar ante lo que nos pasa. Y, eso lleva a que las situaciones inicialmente negativas no lo sean tanto, es decir, dejamos de ser reactivos para ser quien queremos ser. Y, quizás, esa sea una de las claves para vivir una vida plena, feliz y responsable. 

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