sábado, 28 de julio de 2018

¿Tan importante son las formas en el diálogo? Por Miguel LLofríu Terrasa

Aunque pueda resultar extraño a primera vista, en ocasiones por las formas podemos perder la razón. Inicialmente, se podría pensar que una cosa no tiene nada que ver con la otra, es decir, el contenido de lo que decimos es independiente de la manera en que lo decimos. 

Sin embargo, muchas veces al usar formas inadecuadas, podemos bloquear a nuestro receptores y entonces el contenido no llega a comprenderse. Si la otra persona se siente amenazada de algún modo e incluso solamente incómoda, lo más probable es que emocionalmente se genere un rechazo a los mensajes que le llegan por muy "correctos" que sean. En otras palabras, al adoptar un mecanismo de defensa, se construye una "fortaleza" que protege de todo lo externo, siendo muy difícil poder discriminar lo adecuado de lo que no.

Para evitar que se activen las defensas emocionales de modo equívoco -siempre que la intención del emisor sea positiva-, hay que cuidar las formas. Esto supone expresarse en tonos amables, ser respetuosos con los otros puntos de vista, procurar empatizar y, por encima de todo, hacer buenas preguntas que vayan guiando a la persona con la que dialogamos. 

¿Qué perdemos cuando la conversación abandona el territorio de la calma? A medida que los ánimos se van enalteciendo, que la conversación deja de centrarse en argumentos y muchísimo más en las presiones emocionales, en no dejar hablar al otro, etc. en ese instante, ya no estamos bucando la verdad sino ganar (o no perder) a cualquier precio. 

Por eso, si se empiezan a detectar los síntomas que nos alejan de las buena formas, creo que es muy sano ser valiente y hacer un alto en la conversación, o incluso en posponerla, porque de este modo, al menos, no habrá consecuencias negativas que nos impedirán tanto seguir la conversación, como mantener la convivencia. 

Así pues, por muy convencidos que estemos de lo que queremos transmitir, siempre hay que procurar ser exquisitos con las formas y no tener prisa en llegar a conclusiones.

Sin duda, cuanto mejor seamos capaces de mantener el autocontrol en el diálogo y reclamarlo a quienes quieren buscar la verdad, mucho más nos aproximaremos a ésta y comprenderemos mejor los planteamientos que difieren de los nuestros, llegando incluso al gran horizonte de aprender unos de otros. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario