Por norma general, tendemos a asociar progreso con mejora, es decir, progresar es positivo. Sin embargo, puede haber ocasiones en las que ese pre-juicio no sea correcto. Al hablar de progreso, presuponemos que cualquier cambio novedoso conllevará la generación de valor.
Y este presupuesto, confunde la causa con la consecuencia. Dicho de otro modo, efectivamente, un cambio es un progreso después que se ha incorporado de manera adecuada y favorece el desarrollo de las personas. Si sólo ofrece un cambio pero no aporta mejores atributos que la situación anterior, entonces, no podemos hablar de progreso, sino de novedad.
Además, también es pertinente aplicar el concepto de prudencia y tener visión de futuro, ya que, obviamente, algo que puede ser positivo (progreso) a la corta se puede tornar en retroceso a la larga.
Otra cuestión a tener en cuenta es que solemos quedarnos con la parte positiva de los cambios y, sin embargo, solemos preguntar poco por sus costes, externalidades o consecuencias indirectas. Al caer en este error, con el tiempo se generarán problemáticas que requerirán de nuevos cambios.
Pero, sin duda, el gran debate en torno a esta cuestión, se centra en la asincronía de progreso en una misma sociedad. Nuestra sociedad se jacta de sus progresos tecnológicos. Si analizamos el nivel tecnológico que teníamos hace 200 años o incluso lo comparamos con otras sociedades actuales podemos constatar que ahora tenemos más opciones, más cómodas y más eficaces. Sin embargo, ¿podemos afirmar que nuestro progreso ético está a la altura de nuestro progreso tecnológico?
A mi juicio, la respuesta es un no rotundo. Hemos progresado a nivel social y ético pero relativamente poco en comparación al gran avance tecnológico. Si hubieramos ido avanzando a la par, desde mi perspectiva, algunos cambios no se habrían consolidado tan fácilmente en nuestros estilos de vida, porque habríamos sido más críticos. Y, por otro lado, también podríamos haber encajado mejor algunos cambios evitando que generaran nuevos problemas.
Si seguimos con esta dinámica, habrá que estar alerta a la manipulación que se puede esconder detrás de algunos cambios. Quizás, el progreso ético basado en el pensamiento crítico sea el filtro que necesitamos para que, efectivamente, los cambios nos lleven a progresar y no a decaer bajo una falsa apariencia de cambios atractivos, cuya finalidad no es el desarrollo personal, sino justo lo contrario, acrecentar las cadenas manipulativas tecnológicas para ser cada vez menos libres y más dependientes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario