viernes, 28 de septiembre de 2018

El suspenso del sistema educativo. Por Miguel Llofríu Terrasa


Nuestro sistema educativo suspende. Para darle esta calificación, no me fijo en los números de fracaso escolar o del porcentaje de alumnos que promocionan a próximos cursos... Mi principal indicador es (mi percepción de) la falta de ilusión por acudir a los centros educativos. 

Me parece que hacemos muy mal las cosas si estudiar se convierte en sinónimo del protocolo para aprobar y no del camino para aprender. Creo que enfocamos el sistema para obtener ciertas notas y no para lograr ciertos "gustos". Hemos perdido el gusto por estudiar, por aprender cosas nuevas, por enfrentarnos a enigmas que podemos superar desde el conocimiento, y, por desarrollar una personalidad que se atreve con retos nuevos (que no ha memorizado previamente)

El sistema actual considera que el epicentro de la nota debe situarse en el examen. Pero, ¿de qué sirven los exámenes tal y como se suelen plantear? Si funcionaran como se pretende, es decir, si se aprendiera realmente, deberíamos poder poner los mimos exámenes quince días después sin "avisar". De este modo podríamos ver lo que realmente se ha aprendido y, supuestamente, las respuestas deberían ser similares o mejores ¿Cuántos exámenes superarían ese test? ¿Se volvería a obtener la misma cualificación o superior? Mi respuesta es un rotundo no. Y no lo digo sólo desde mi experiencia, es una posición que he ido elaborando a través de los diálogos con con alumnos y alumnas, familias, docentes (algunos de ellos grades defensores de los exámenes). Si es cierto que los exámenes no son la mejor vía para aprender, ¿de que sirven, más allá de generar estrés? 

Tenemos que preparar a nuestros alumnos y alumnas para que, entre otras cosas, puedan superar a un ordenador, un robot o una inteligencia artificial. Consecuentemente, basar buena parte de la educación en la memorística del dato sin sentido es una la batalla perdida. Cualquier buscador puede recabar más información que nuestra capacidad de memorizar... ¿por qué seguir por ese infertil camino? En cambio, a la hora de comprender los datos, de relacionarlos, de integrarlos en una unidad significativa, ahí si que podemos tener un amplio espacio motivador y diferenciador.  ¿Por qué no nos enfocamos a lo último? Contemos con la ayuda de la tecnología para adquirir datos, pero luego hay que procesarlos desde un enfoque creativo,  por ende humano, que desarrolle nuestras competencias. 

Deberíamos pensar más en el mundo en el que van a tener que demostrar su valía nuestros educandos y menos en las notas. A partir de lo que van a necesitar tanto en futuro como en el presente deberíamos enfocar en buena medida el desarrollo de nuestra metodologías. 

Y, por lo que respecta a los contenidos, habría también que hacer una seria reflexión, pues, ahora mismo, desde tercero de primaria, hay materias que repiten cada curso o cada dos cursos lo mismo y un poco más. Probablemente, eso no funciona, entre otras cosas, porque aburre siempre ver lo mismo. Pongo por ejemplo las normas de acentuación. Se repiten constantemente cada curso. Los alumnos las saben de memoria y, sin embargo, eso no supone una mejora necesaria a la hora de reducir el número de faltas. 

En definitiva, necesitamos cambiar, hay que desarrollar nuevas interacciones con los alumnos y alumnas, adecuar los contenidos y la metodología desde la innovación y teniendo como finalidad que ellos y ellas sean los protagonistas de su propia vida.

1 comentario:

  1. !Completamente de acuerdo Miguel! Hay que apostar por una NUEVA EDUCACIÓN y por una EDUCACIÓN NUEVA, en la que el auténtico/a protagonista sea el/la discente y donde las metodologías sean innovadoras, creativas y además, hagan que los alumnos/as se acerquen y vivan la educación desde el "placer" de aprender y no desde la "obligación" de superar, simplemente, pruebas o tareas.

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