lunes, 28 de enero de 2019

Dos miedos. Por Miguel Llofríu Terrasa

Desde mi experiencia y perspectiva, los seres humanos que tenemos la fortuna o el acierto de vivir de sin tener que preoucparnos por sobrevivir, desdencadenamos dos miedos.

Uno de ellos se suele decir que es un miedo universal. Se trata del miedo a morir. Personalmente discrepo de que sea un miedo inherente a la naturaleza humana. Creo que a lo largo de la historia y en el tiempo presente podemos encontrar abundantes ejemplos de personas que no han tenido miedo a morir, incluso más aún, de lo que tenían miedo era de no vivir bien antes que morir.

Consecuentemente el miedo a morir que podemos tener hoy en día puede venir provocado probablemente por cuestiones sociales. Somos una sociedad que huye de todo tipo de  sufrimiento, de reflexionar sobre la muerte... en fin, si tenemos miedo a la muerte de manera generalizada hoy en día en nuestra sociedad es sencillamente porque hemos rechazado las aproximaciones a ella. La muerte siempre ha requerrido una respuesta y un sentido por nuestra parte, pero, eso no supone que se tenga que hacer desde el miedo.

El segundo miedo, para mí más sútil pero más profundo, es el miedo a mejorar. Dicho así puede sonar extraño. Pero concluyo, después de hablar con mucha gente e intentar colaborar en su desarrollo, que ese miedo nos cala mucho más de lo que podría parecer. Vayamos por partes. Nosotros somos una identidad (forjada con influencias sociales y decisiones personales) y nos acostubramos a ella en nuestra interacción con los otros y con nosotros mismos.

Cuando se nos propone mejorar, tenemos que dejar atrás quiénes somos. Y, aventurarnos a una nueva identidad nos da miedo. Solemos preferir el confort, aunque sea negativo, de lo conocido, la seguridad de saber lo que los demás pueden esperar de mí. En definitiva, seguir con nuestras costumbres. En el fondo, se podría hablar de "obstinación vital". 

Ser conscientes de estos miedos, si es nuestro caso, es el primer paso para aprender a convivir con ellos, y, de este modo, encontrar las claves para poderlos superar. Sabremos que lo hemos logrado, si dejamos sencillamente de tener miedo.

martes, 1 de enero de 2019

Balance de nuestra vida por Miguel Llofríu Terrasa

31 de diciembre suele ser un buen día para hacer balance del año transcurrido. De vez en cuando, necesitamos reflexiona sobre nuestra manera de ser para comprobar si estamos conectados con nosotros mismos.

Uno de los aspectos que nos puede ayudar a realizar este balance es, precisamente, delimitar nuestros criterios de evaluación. Por ejemplo, si la brújula de nuestra vida se centra en los resultados económicos, entonces nuestra manera de ser vendrá juzgada por cuánto dinero hemos conseguido en este año.


Si el criterio económico nos parece insuficiente ya que, entre otros factores, es algo externo a nosotros, entonces podemos indagar en otras evaluaciones. En el otro extremo de las cosas materiales estaría la de comprenderos desde el amor que hemos vivido y el que hemos dejado pasar. Podemos analizarnos desde los momentos que hemos pasado este año desviados de amar, aquellas ocasiones en las que hemos perdido nuestra paz interior y nuestras prioridades. Por otro lado, también, ser conscientes y disfrutar de los recuerdos en los que hemos sido fieles al compromiso del amor.

Así pues, depende de nosotros cómo queremos autoevaluarnos, cómo queremos seguir transitando por la vida, cómo queremos vivir este próximo año.