jueves, 31 de diciembre de 2020

Apasionarme correctamente

Seguramente, la capacidad de apasionarnos es una maldición y, también, un don. En ocasiones para sentirnos vivos, o, simplemente, crear el espejismo de tener el control. Parece que necesitamos "romper" con lo "correcto".

Sin duda, de lo peor que le puede pasar a una persona es viciarse, esto es, apasionarse tanto en algo que genera dependencia a pesar de que lo hunda. Cuando esto ocurre se separa la sensación de la realidad. Pero... ¿Cómo saberlo?

Busco y me arrepiento de romper con lo que "debería hacer" a partes iguales. La pasión, el juego, el disfrutar de los sentidos, el dejarse llevar por la apetencia parecen en ocasiones las únicas compensaciones al agotamiento por mantenerse a flote. 

Pero, también conllevan un consumo extremo de recursos, especialmente de tiempo. Entonces, el tiempo dedicado a "desconectar" puede pagar un precio alto. Además, la tensión entre lo apetecible y lo supuestamente correcto se intensifica.

Parece que algunas y algunos han logrado que su pasión llegue a ser su forma de vida. Pero, hay que ir con cuidado con que una pasión que tenga utilidad puede llevar a ser esclavo con cadenas de oro... y titanio.

Es tan difícil armonizar ambas perspectivas que, desde tiempos inmemoriales los humanos han optado por alguno de los extremos: o ser sumiso a la pasión, o "arrancar" de la vida los atisbos de placer. Llegando a la conclusión de que, si dudas y piensas en otros, vive sin pasión.

¡Qué lástima no poder armonizar la pasión con lo correcto, con lo que se espera útilmente de nosotros! Nos condenamos a ser furtivos de la vida con excursiones ocasionales y siempre insuficientes... y la alternativa es peor. 

Ojalá aprendiéramos que la pasión es como la amistad. Disfrutas igual pases una hora o un día... lo importante es la calidad y la conexión. La vida que construimos de obligaciones deja poco margen, pero algo es algo. 

No hay que luchar por la cantidad. La apuesta es que nos impacte positivamente la pasión sin eliminarla y sin que nos domine. 


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7 comentarios:

  1. Siempre me gusta RE-MIRAR, “intencionadamente”, los textos que escribes y compartimos desde la OTRA “ORILLA” y así, poder complementar tus “cielos” y los “míos”, que no son más que partes o fragmentos del mismo “firmamento”, pero con diferentes perspectivas o focos y situaciones, momentos o estados.

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  2. 1APASIONARME CORRECTAMENTE (yo aporto, APASIONARME EQUILIBRADAMENTE)
    Para empezar habría que concretar lo que entendemos por PASIÓN. La “pasión” es una EMOCIÓN intensa que se define como un SENTIMIENTO que engloba entusiasmo o deseo por algo (persona, tema, idea, actividad, objeto…). Es inherente a la existencia humana y como cualquier emoción, puede conllevar “dualidad” (o contradicción) en intensidad, dirección y manifestación, pudiéndose vivir desde el equilibrio o desequilibrio: polos que luchan entre sí y que nos dotan de fortaleza o vulnerabilidad. Somos personas que navegamos continuamente entre fuerzas, sentires y pensamientos.
    Creo que sería más correcto hablar de PASIONES que de simplemente “pasión”. Diferenciando entre pasiones POSITIVAS o ARMÓNICAS (elegidas libremente, placenteras y que no opacan o imponen) y NEGATIVAS u OBSESIVAS (inmanejables, que nos controlan y son autodestructivas). Tú planteas la capacidad de apasionarnos como “don o maldición”.
    ¿Cómo distinguirlas? Con observación introspectiva y autoconocimiento personal. Yo tengo clara su diferenciación: las importantes o valiosas son las primeras, ya que las otras las considero anti-pasión (adicción u obsesión) y no me interesan. La pasión crea y busca luz interna, la adicción te consume y corre en pleitesía detrás de la luz externa o espejismos. Simplificando, con enfoque moral, podrían asimilarse a “virtud” y “vicio”.
    El amor propio y la vanidad nos hacen creer que nuestros vicios son virtudes, y nuestras virtudes vicios (Jacinto Benavente).

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    1. Muchas gracias, una vez más, por la riqueza de matices y de perspectiva que aportas. Comprendo tu planteamiento y me parece muy adecuado. Tú planteas una dualidad en las pasiones (positivas/negativas), por mi parte he considerado que, aún las pasiones "positivas" pueden dejar de serlo y caer en lo que comentas de ser una "adicción". Creo que tu cita sobre Benavente ilustra este planteamiento: es la persona quien con su actitud adecuada genera pasiones positivas o negativas. O dicho de otro modo, la misma acción para uno/a puede ser virtud y para otro/a un vicio.

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  3. Continuación (2)
    Los vicios son hábitos con connotaciones de pasiones tóxicas, mal enfocadas o entendidas, porque perjudican, generan desenfreno limitante y conllevan irrealidad. Sin embargo, las pasiones son “condimentos” de la vida, y bien enfocadas, orientadas y canalizadas pueden darle sentido y valor, materializándose en crecimiento, calidad vital y logros existenciales.
    NO debemos situar en el mismo “plano” VICIO y PASIÓN. Sus esferas no siempre coinciden, porque el primero es básicamente “sensorial” y la segunda puede, además, ser “psicológica, afectiva, energética, creativa…”. Ni creer que hace falta romper con lo correcto para sentirnos vivos. Muchas pasiones son “necesarias”, “apetecibles” y “adecuadas”.
    ¿Qué es una vida sin pasión? ¿Se puede ser feliz sin pasión? ¿Es negativo convertir tu pasión en una forma de vida?
    Mi respuesta es NO, siempre que seas tú quien controles a la pasión y no viceversa. La auténtica pasión, aunque requiere tiempo y energía, es eje y complemento sumativo, no simple dependencia exclusiva. Yo soy positivo (no fatalista), creo que pueden y deben armonizarse “disfrute” y “apasionamiento”, sin caer en extremismos o sumisiones. Ambas perspectivas, “placer y pasión”, bien enfocadas pueden convivir simbióticamente, ya que no son (o deben ser) excluyentes o antagónicas: ¡No deben anteponerse entre sí o contraponerse!
    No somos clónicos y por eso, no vivimos o manejamos las pasiones (por la Vida, Amor, Amistad…) de forma unívoca o simétricamente, por lo que nuestra relación con ellas nos autodefine y se convierten en un rasgo significativo de nuestra identidad o personalidad. ¡Forman parte de nuestro ADN como seres humanos!
    La pasión, aunque es personal o individual, puede “compartirse” sin tener que renunciar a ella. Nuestra pasión puede enriquecer, sin polarizar, nuestras relaciones y acercarnos a los demás, llegando a ser “pegamento” interactivo y conectivo; asumiendo que el apasionamiento es (o debe ser) “cualitividad y no simple cuantitividad”.

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    1. Creo que en este comentario das la clave para "apasionarse correctamente o equilibradamente". Como tantas veces cuando nos adentramos en el mundo del placer, es fundamental mantener el autocontrol y "navegar" dentro de los límites que nos permiten disfrutar sin "arrepentimientos" o sin hacer daño a otros/as o a nosotros mismos/as. Otra clave importante que señalas es la de compartir la pasión. De ese modo considero que se puede vivir con más intensidad y a la vez con mejor "limitación". Obviamente se puede caer en el otro extremos que es el de la adicción compartida, con lo cual siempre hay que estar atentos. En todo caso, y con la prudencia pertinente, considero que las pasiones compartidas "positivas" y/o "gestionadas" son preferibles.

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  4. Cont. (3)
    Descubrir tu pasión lo cambia todo, te hace encajar con quién realmente eres. Nunca pierdes (o te roba) recursos de “tiempo” o “energía”, si la vives desde tu mismidad, ya que te nutre y aporta “calor” y “color” al lienzo de tu vida.
    La PASIÓN es motor, fuerza, proceso, medio, camino… y no simple destino, resultado, fin, meta… Es “mano” que lleva acompañando y no que empuja derribando.
    La pasión nos enseña que existe vida antes de la muerte. Es la compañera y amiga perfecta, en el transitar existencial, siempre que se de en un plano de equilibrio e igualdad con/desde nosotros/as. Nunca la debemos apartar o alejar de nuestro lado y menos por los demás, ya que sería una renuncia a la “esencia” de lo que somos. ¡No admite excusas, ni vivirla con sentimiento de culpabilidad, sino con coraje!
    La incertidumbre, el temor al fracaso, la inseguridad o los condicionantes sociales… nos impiden explorar NUESTRAS PASIONES. La pasión debe ubicarnos en nuestro “elemento”, en el punto de encuentro entre aptitudes o características propias e inclinaciones o intereses personales (K. Robinson).
    Finalizaré afirmando que ¡MI(s) PASIÓN(es) ME DEFINE(n), porque MI PASIÓN SOY YO!


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    1. ¡¡Ojalá fuera como dices!! Creo que has marcado muy bien la meta-horizonte de la pasión. Sin embargo, a mí al menos, me cuesta ver esa actitud de pasiones vitales que definen... Más bien veo lo contario: apatía, "desconexión" con uno mismo/a, aburrimiento, adicciones diversas para intentar "sentir algo"... por eso, considero que tu texto hay que valorarlo como un tamiz en el cual cuestionar nuestra existencia. Si no corroboramos lo que escribes, entonces, deberíamos ir poniendo las condiciones para llegar a vivirlo... Es una invitación a superarnos, no a la "fuerza" sino desde el disfrute... lo único que espero es que no nos quede demasiada lejana. Probablemente, en este campo sea preciso auto-educarse para no dejar de lado nuestras pasiones positivas, equilibradas y que aportan la "salsa de la vida". Así pues, las preguntas podrían ser: Si no vivo con pasión, con autenticidad ¿Cómo puedo despertar? Si vivo con pasiones "negativas" que bloquean mi plenitud, ¿Cómo puedo dejarlas/transformarlas para seguir madurando?
      Muchísimas gracias por redefinir la cuestión sobre las pasiones. Procuraremos seguir tu ejemplo y propuesta.

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