viernes, 25 de noviembre de 2016

ENTUSIASMO ARREBATADO


Después de una traición es muy difícil seguir amando. Se enfría todo el calor del amor desde el vacío que se va sintiendo. Y, con toda ausencia de positiva emoción, suelen aparecen dos caminos a seguir
Uno es el del bloqueo, soportando el pasado anulando todo presente y futuro.
El otro es enraizarse más en la creencia del amor y aceptar las pérdidas vitales.

Las lágrimas de un mundo mejor van regando el mundo posible. Se convive con la decepción de saber que las cosas podrían haber sido de otro modo.
Y, sin embargo, toca redimir el presente desde lo que se puede.
Se impone el cambio de la sonrisa del padre que acoge por la del hermano mayor siempre vigilante.


Las lágrimas de un mundo mejor. Miguel LLofríu


Radicalizarse inaugurando la era sin descanso, pues toda debilidad será semilla de destrucción.
Pensar que no se puede parar, a lo sumo, bajar el ritmo.
Llorar por el regazo de paz que se empezaba a vivir y ya nunca volverá.

Reconocer que se rompió la trayectoria y aceptar de compañero de viaje el miedo.
Miedo a volver a sentirse traicionado.
Miedo a que el corazón se vuelva a romper.
Miedo a que nos hagan daño por confiar.
Y eso se transforma en ojos de guardián que no quiere empatía, ni pide comodidad. Sólo cumplir su misión, aunque esta vez sin cruzar las miradas, sin la complicidad del alma

Saber que si esta actitud se torna en carácter, seremos doblemente derrotados.
La primera vez por la traición,
La segunda por lo que nos cambió.

superación engaño. Miguel Llofríu



viernes, 18 de noviembre de 2016

DE TROFEOS Y DE FAMILIA. Lo que de verdad importa.

Este año, se ha dado la circunstancia de que en el pueblo donde vivo se ha realizado una carrera popular solidaria a favor de la lucha contra el cáncer. Además, amistades que aprecio mucho iban a estar en temas organizativos y me sentía gratamente obligado a ayudar y participar. 

Me preparé lo mejor que pude, con mucho esfuerzo y dedicación. El día de la carrera arriesgué, lo di todo dentro de mis limitaciones y me encontré con la agradable sorpresa de llegar el 21 de la general y ser el primer corredor local absoluto.

Miguel Llofríu meta

Para mí fue un momento intenso (aunque el mejor fue acompañar a mi mujer posteriormente en la línea de meta). Era la primera vez que recibía un trofeo (en el atletismo de pista, sólo se dan medallas). Subí al podio con mi hija Auba, la peque de la familia. Dos añitos de pura creatividad, innovación constante y nunca parar, salvo para dormir. Después de bajar del podio, mientras nos dirigíamos al cochecito para dejar las cosas. Auba me pidió el trofeo, se lo dejé, con mucha alegría, y, al cabo de unos cinco segundos mientras caminábamos... se le cayó... el bonito trofeo de cristal se partió por la mitad... 

¿Qué hice?

Recordar lo que es importante de verdad y le di un beso porque se había asustado y la tranquilicé diciendo que "no passa res" (no pasa nada). 

Una gran lección. Un trofeo, sólo es un cacharro, por muy bonito y representativo que sea. Acompañar a mi hija y no perder la calma fue la mejor de las victorias ese día. 

T'estim Auba.

superación

jueves, 17 de noviembre de 2016

¿Qué es la dignidad?

Muchas veces solemos apelar al concepto de dignidad para establecer que no debemos tratar a las personas de cualquier modo y/o para reclamar mejoras. Pero, si nos preguntan qué es la dignidad, ¿sabríamos dar argumentos? Vamos a ver unos cuantos para que nos inspiren y tengamos presente la importancia de la dignidad.

Felicidad




En primer lugar debemos establecer que el ser  humano, desde su dinamismo valorativo, es capaz de otorgar valor de utilidad, de relación y de jerarquía a todos los seres. Así, por ejemplo, podemos establecer que la utilidad de un bolígrafo es escribir y que dicho bolígrafo al compararlo con otro nos parece mejor o peor. Desde esa consideración de utilidad, si el bolígrafo deja de ser útil, es decir, deja de escribir, podemos reciclarlo, o bien, lo podemos vender o regalar... en definitiva mientras considere que puedo salir "ganando" puedo realizar diversas acciones con el bolígrafo. Como dirían los clásicos, lo estamos tratando como un medio que me ayuda a lograr a mí ciertas cosas, es decir, me ayuda  a alcanzar mis metas o fines.

¿Podemos aplicar este esquema a las personas? En un principio sí. Podemos establecer la utilidad, relación y jerarquía al comparar, por ejemplo a dos estudiantes. Si uno saca más nota que otro en un examen, podemos decir que al menos en esa prueba fue mejor que el otro (siempre que no haya habido trampas) y que ha obtenido más utilidad. De hecho, cuando nos dan una nota, normalmente solemos preguntar a los demás que han sacado para ver qué lugar ocupamos en la "jerarquía del mérito". Así, si un/a estudiante saca un 8 pero luego resulta que el resto de la clase ha sacado un 10 diríamos que está debajo en la jerarquía. En el caso contrario, si saca un 6 pero el resto de la clase suspende entones estaría en la cúspide. Por eso es tan importante poner en relación la utilidad obtenida y de este modo establecer una jerarquía u orden basado en el mérito. Esta manera de proceder la aplicamos los seres humanos constantemente a todos los seres incluidos a nosotros mismos.

Ahora la cuestión es ver si en el caso del ser humano además del valor de utilidad podemos establecer otro tipo de valoración. Y la respuesta es afirmativa. En los seres humanos podemos hablar de un valor finalista, de un valor en sí mismo, de un valor incondicionado. En otras palabras, si alguien tiene más dinero que yo, no implica que sea más persona. Si alguien triunfa en el mundo del deporte no supone que sea mejor persona que quien no hace deporte. Ese es el punto. No hace falta hacer nada para merecer ser dignos. Lo somos. Si además de ser dignos, podemos contribuir con los demás para "estar a la altura de la dignidad" mucho mejor. Si además de ser conscientes de nuestra dignidad podemos generar valor de utilidad, ¡fantástico! Pero no nos obsesionemos con ser unos grandes triunfadores, el verdadero triunfo ya está en nosotros, ya somos nosotros. Lo demás, aunque importante, es secundario. Nadie es más persona que nadie. Esta es a mi juicio, la mejor proclama para fundamentar la igualdad básica entre los seres humanos.