viernes, 18 de noviembre de 2016

DE TROFEOS Y DE FAMILIA. Lo que de verdad importa.

Este año, se ha dado la circunstancia de que en el pueblo donde vivo se ha realizado una carrera popular solidaria a favor de la lucha contra el cáncer. Además, amistades que aprecio mucho iban a estar en temas organizativos y me sentía gratamente obligado a ayudar y participar. 

Me preparé lo mejor que pude, con mucho esfuerzo y dedicación. El día de la carrera arriesgué, lo di todo dentro de mis limitaciones y me encontré con la agradable sorpresa de llegar el 21 de la general y ser el primer corredor local absoluto.

Miguel Llofríu meta

Para mí fue un momento intenso (aunque el mejor fue acompañar a mi mujer posteriormente en la línea de meta). Era la primera vez que recibía un trofeo (en el atletismo de pista, sólo se dan medallas). Subí al podio con mi hija Auba, la peque de la familia. Dos añitos de pura creatividad, innovación constante y nunca parar, salvo para dormir. Después de bajar del podio, mientras nos dirigíamos al cochecito para dejar las cosas. Auba me pidió el trofeo, se lo dejé, con mucha alegría, y, al cabo de unos cinco segundos mientras caminábamos... se le cayó... el bonito trofeo de cristal se partió por la mitad... 

¿Qué hice?

Recordar lo que es importante de verdad y le di un beso porque se había asustado y la tranquilicé diciendo que "no passa res" (no pasa nada). 

Una gran lección. Un trofeo, sólo es un cacharro, por muy bonito y representativo que sea. Acompañar a mi hija y no perder la calma fue la mejor de las victorias ese día. 

T'estim Auba.

superación

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