Muchas veces solemos apelar al concepto de dignidad para establecer que no debemos tratar a las personas de cualquier modo y/o para reclamar mejoras. Pero, si nos preguntan qué es la dignidad, ¿sabríamos dar argumentos? Vamos a ver unos cuantos para que nos inspiren y tengamos presente la importancia de la dignidad.
En primer lugar debemos establecer que el ser humano, desde su dinamismo valorativo, es capaz de otorgar valor de utilidad, de relación y de jerarquía a todos los seres. Así, por ejemplo, podemos establecer que la utilidad de un bolígrafo es escribir y que dicho bolígrafo al compararlo con otro nos parece mejor o peor. Desde esa consideración de utilidad, si el bolígrafo deja de ser útil, es decir, deja de escribir, podemos reciclarlo, o bien, lo podemos vender o regalar... en definitiva mientras considere que puedo salir "ganando" puedo realizar diversas acciones con el bolígrafo. Como dirían los clásicos, lo estamos tratando como un medio que me ayuda a lograr a mí ciertas cosas, es decir, me ayuda a alcanzar mis metas o fines.
¿Podemos aplicar este esquema a las personas? En un principio sí. Podemos establecer la utilidad, relación y jerarquía al comparar, por ejemplo a dos estudiantes. Si uno saca más nota que otro en un examen, podemos decir que al menos en esa prueba fue mejor que el otro (siempre que no haya habido trampas) y que ha obtenido más utilidad. De hecho, cuando nos dan una nota, normalmente solemos preguntar a los demás que han sacado para ver qué lugar ocupamos en la "jerarquía del mérito". Así, si un/a estudiante saca un 8 pero luego resulta que el resto de la clase ha sacado un 10 diríamos que está debajo en la jerarquía. En el caso contrario, si saca un 6 pero el resto de la clase suspende entones estaría en la cúspide. Por eso es tan importante poner en relación la utilidad obtenida y de este modo establecer una jerarquía u orden basado en el mérito. Esta manera de proceder la aplicamos los seres humanos constantemente a todos los seres incluidos a nosotros mismos.
Ahora la cuestión es ver si en el caso del ser humano además del valor de utilidad podemos establecer otro tipo de valoración. Y la respuesta es afirmativa. En los seres humanos podemos hablar de un valor finalista, de un valor en sí mismo, de un valor incondicionado. En otras palabras, si alguien tiene más dinero que yo, no implica que sea más persona. Si alguien triunfa en el mundo del deporte no supone que sea mejor persona que quien no hace deporte. Ese es el punto. No hace falta hacer nada para merecer ser dignos. Lo somos. Si además de ser dignos, podemos contribuir con los demás para "estar a la altura de la dignidad" mucho mejor. Si además de ser conscientes de nuestra dignidad podemos generar valor de utilidad, ¡fantástico! Pero no nos obsesionemos con ser unos grandes triunfadores, el verdadero triunfo ya está en nosotros, ya somos nosotros. Lo demás, aunque importante, es secundario. Nadie es más persona que nadie. Esta es a mi juicio, la mejor proclama para fundamentar la igualdad básica entre los seres humanos.



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