domingo, 28 de enero de 2018

¿Es deseable superar la obstinación? Dos propuestas desde la experiencia. Por Miguel Llofríu Terrasa


Esta entrada surge a raíz de lo mucho que he aprendido en el podcast del programa apuntes de sabiduría (http://www.rtve.es/alacarta/audios/apuntes-de-sabiduria/apuntes-sabiduria-obstinacion-24-10-17/4268999/) Personalmente, me ha ayudado a comprender porque la obstinación es uno de los principales obstáculos para el desarrollo personal.

En el citado programa, se comenta que la obstinación consiste en seguir persistiendo en las ideas o acciones propias aún cuando se presentan argumentos razonables y sólidos en otra dirección. Así, la persona obstinada por un lado no explica porqué hace las cosas, ni comparte sus creencias. Más bien, construye un muro a su alrededor para que ninguna influencia externa la pueda afectar. De este modo, como podemos apreciar, la obstinación se podría entender como el antónimo del diálogo. Consecuentemente, la obstinación genera -al menos- los siguientes problemas: 
  • Bloquea la apertura a la crítica sana y constructiva, 
  • Nunca acepta que podemos estar equivocados, 
  • No reconoce nuestros bloqueos emocionales 
  • Da la culpa de todo a las circunstancias. 
Visto así, parece que la obstinación no sea deseable. Es más, probablemente la mayoría pensaremos que no somos de ese modo. Sin embargo, creo que es sano asumir el principio de dudar de nosotros mismos para salir de nuestra zona de confort. En otras palabras, lo más probable es que todos tengamos algún grado de obstinación o que en algún momento podamos caer en ella, incluso sin darnos cuenta. De ahí, la invitación a reflexionar sobre nuestro comportamiento para ver si refleja algo de lo dicho anteriormente. 

Desde mi perspectiva, creo que la obstinación puede emerger al contrastar nuestras ideas, convicciones, creencias... en definitiva nuestro modo de valorar la vida con la de otros. 

Por mi experiencia, creo que muchas veces son los problemas de comunicación los que hacen que caigamos en la obstinación. Quizás hay personas que no comprenden otros puntos de vista o que no son capaces de expresar adecuadamente los suyos. Esto hace que intuyan internamente que tienen la razón y no la piensan ceder porque no se sienten comprendidos. Así, aunque se les presenten nuevas opciones, sencillamente no se ven porque se esta mirando en otra dirección. 

De ahí que el mejor antídoto contra este veneno que genera peleas, disputas y aislamiento, sea la humildad. El punto de partida para el diálogo es reconocer que puedo estar equivocado. Al menos, partir de la premisa de que estoy convencido de lo mío hasta que se me muestre o demuestre lo contrario. Hay que abrir una ventana en nuestros muros de certeza para que pueda entrar otro aire, otro sol, otros enfoques. 

El segundo antídoto que propongo es darnos tiempo. En nuestra sociedad de la velocidad y de la prisa, todo tiene que resolverse inmediatamente. ¿Por qué?  ¿Qué problema hay en mantener divergencias durante un tiempo? ¿No podemos ir escuchándonos progresivamente para comprender y ser comprendidos? Así como observo que hacemos las cosas, hay mucha intensidad a la hora de debatir cuestiones en las que hay divergencia. Además, todo tiene que resolverse en el momento en que surge la polémica. Esa presión, no es buena para fomentar el diálogo y provoca la aparición de la obstinación. Si la labor de desarrollarnos como personas requiere tiempo y maduración, también deberíamos conceder ese derecho a la hora de interactuar con otros. Creo que reduciríamos nuestro nivel de obstinación si estuviéramos más relajados sabiendo que no hay que tomar las decisiones en el momento en el que estamos hablando. 

En conclusión, es muy recomendable reducir la obstinación y para ello, lo primero, como siempre, es ser conscientes de ese problema. En segundo lugar, cada cuál deberá desarrollar sus habilidades y estrategias para minimizarla. En este sentido, quizás la humildad y darse tiempo puedan colaborar. Por último, añadir que realmente tenemos que querer mejorar la convivencia con los demás, y, para ello, minimizar nuestro grado de obstinación es un buen punto de partida.

1 comentario:

  1. !Gracias - Miguel! por no dejar de alimentar/nos la "conciencia crítica". La obstinación suele ser, en muchas ocasiones, el refugio de la soberbia, de la falta de diálogo empático, de la irreflexión, de las prisas economicistas - vitales, del miedo, del mecanismo de defensa ante lo diferente... y limita nuestro desarrollo "personal-convivencial". !Luchemos contra la "ceguera" que produce!

    B. Martínez.

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